...de Ushuaia a Alaska, allá vamos, porque a pesar de las diferencias, todos somos iguales.

miércoles, 19 de junio de 2013

¡Andarás bien por la 66!

 Subimos el volumen de la música, estamos manejando por la mítica ruta 66. Bajamos las ventanas para que entre el viento, cebo un mate tras otro. La ruta es desierta, solo estamos nosotros  tres y a lo lejos, una estación de servicio que no funciona pero que, instantáneamente, nos remonta a los años 60 y a los viejos motoqueros de Harley Davidson, a los hombres canosos, de pelo largo, pañuelos, pantalones y camperas de cuero. 
Después del trance eufórico que supone cantar a todo volumen la canción que Pappo escribió sobre esta ruta, retomamos el centro, volvemos a ser personas que valoran el silencio y seguimos andando, en un absoluto mutismo. Este tipo de oscilaciones son moneda corriente para el piloto y la co-piloto de la Westy (eso si, lo importante es que el vaivén se dé en el mismo momento para ambos. O los dos poseídos, o los dos amansados, caso contrario, el choque puede ser fuerte y terminar en discusiones para nada gustosas).

El silencio prolongado me habla de las tantas personas que fuimos conociendo y sobre las distintas realidades de los que viven en este país (legal o ilegalmente). El primero que nos habló sobre la desigualdad y las mil caras del sistema de salud estadounidense fue nuestro amigo, Moisés. “Hay gente que si tiene un accidente, prefiere no llamar a la ambulancia porque te puede costar hasta 4000 dolares. Hay gente que está quebrada económicamente por haberse endeudado con las compañías. Una operación te puede llegar a costar 100.000 dolares o más. De hecho, muchos van a Tijuana (México) para atenderse ahí”.  De esta realidad también nos contó una argentina que vive en Las Vegas “lo peor que podes hacer es ir a una sala de emergencia. A una amiga mía le tuvieron que sacar la vesícula de urgencia y le cobraron 50.000 dolares. Como no tenía seguro social, le redujeron la deuda a 30.000 dolares. En dos años terminó de pagar su vesícula, pero en cuotas, eh, en cuotas”. Michael Moore, un cineasta estadounidense produjo, sobre este tema, un documental muy interesante, “Sicko”, donde habla del calvario que viven los millones de estadounidenses sin seguro, la mafia de las compañías (apañadas, como siempre, por los políticos de turno), en definitiva, sobre el negocio de la medicina.
Aunque nuestro paso por Las Vegas quedó un capítulo atrás, me parece interesante poder compartir con ustedes algunas de las charlas que tuvimos con inmigrantes latinos. 

¿Cómo viven los lationamericanos en Las Vegas? ¿Qué piensan de su nuevo país? ¿Volverían a su país de origen? Les pregunté sobre estos temas a algunos argentinos, bolivianos y uruguayos, y ellos, con sinceridad aceptaron contarnos sus experiencias. (Aclaración: las respuestas son  subjetivas y el país también se abre en otras realidades y dinámicas, de las que también vamos a escribir).

Una señora boliviana: “Este sistema te atrapa. Aquí solo se vive para trabajar y consumir, trabajar y consumir. La educación que reciben los niños en Sudamérica es mejor, pienso que aquí están atrasados en educación. No les enseñan geografía del mundo. Te atrapa, este sistema te atrapa. Aquí no hay familia. Si se juntan para almorzar todos, es un milagro. Apenas puedes reunirte familiarmente porque de tanto trabajar no te alcanza el tiempo. Me gustaría volver a Bolivia”


 Argentinos:  -Hace poco fui a Argentina y no me sentí cómoda. Nunca sabes si te pueden matar, robar. Acá se vive tranquilo, hay control.


-Los que hacen los trabajos más duros acá somos los latinos. ¿Sabés la cantidad de problemas que tuve con los gringos porque no querían trabajar o hacer las tareas que nos tocaban en limpieza?


-Soy de Rosario. Allá está peligroso el tema. Acá vivo en un lugar donde podes dejar todo abierto y no pasa nada.


-El tema más difícil para los inmigrantes latinos es el desarraigo. Nosotros acá nos hicimos de una nueva familia, los amigos; como el inmigrante en su momento en Argentina.


-Se trabaja muchísimo. Todo lo material es muy fácil conseguirlo. Lo peor es pasar los primeros años…


-La salud y la educación no son buenas, en Argentina es mejor creo, que es pública. Allá no te van a dejar de atender nunca, tampoco te vas a endeudar por salud.


-Acá todo tiene una estructura. Se hace así y se tiene que hacer así. Hay menos burocracia, son las dos caras, con lo bueno y lo malo.


-El país maneja la información desde adentro, te enterás de lo que ellos quieren que te enteres. Somos medio robotitos acá. 

-Acá hay muchos loquitos, muchos suicidios. En Las Vegas, mucho depravado, mucho “no te metas”. Si alguien necesita ayuda, acá es “no te metas”. Acá muchos vuelven de Irak y vuelven locos, nunca sabes con quien estás lidiando. 


-Es un individualismo raro. Olvidate de tomar un café o un mate con tu vecino. Yo vivo acá hace tres años y no se quien vive al lado. 


-Acá hay gente que tiene 2 o 3 trabajos, eso sí, acá sos lo que quieras ser


-Acá en Las Vegas todo lo hacemos en auto, olvidate de andar caminando, aunque sea una cuadra. En la tele están saliendo campañas para que los padres saquen a sus hijos a caminar, por lo menos 30 minutos por día.


-Tengo un AUDI, allá sería imposible tenerlo. Acá conseguís cosas que allá son lujos. Parezco un superficial pero bueno, es así. La última vez que fui a Argentina me tuvieron que acompañar al estacionamiento del miedo que tenía de que me roben. Acá eso no pasa.


Uruguayo: -Acá tenes comodidades pero mala calidad de vida. Yo me quiero volver a Uruguay. Este país te separa de tu familia y te quita el cariño de tus hijos. Acá todo es trabajar, trabajar y trabajar. Si. Yo pude construirme 3 casas y tengo un auto mejor al que tendría allá, pero ¿para qué?. Quiero volver a Uruguay a la parte rural. Acá no hay la misma solidaridad como allá. Acá todo es “YO”, allá es “NOSOTROS”.

La lucha cotidiana los impulsa a alcanzar un mejor nivel de vida; anhelan diferenciarse de la persona que eran y en sus compañeros inmigrantes ven reflejados sus propios sueños de lo que podrían llegar a ser en este país, eso que su propia tierra no supo ni sabrá darles jamás. El precio es alto, tan alto que algunos deciden regresar a su origen y lo hacen despotricando contra el sistema que creyeron los salvaría y otros, embelesados por lo que adquirieron, por ser lo que allá nunca hubieran sido, se aferran con nostalgia y  convicción a una nueva identidad. Hay algo cierto, y salta a la vista de cualquiera. En este país los que hacen los trabajos más duros suelen ser los inmigrantes. Es una realidad innegable, y uno de los temas de mayor debate a nivel nacional entre republicanos y demócratas. ¿Qué hacer con los millones de inmigrantes ilegales que llegan al país?.

Entre los estadounidenses que conocimos, las opiniones se bifurcan a cada rato y las hay para todos los gustos (como suele pasar entre los humanoides). 
Por ejemplo, Moises dice "Para mí esta bien que esten aquí, pero deberían sacar los papeles necesarios. No se otorgan VISAS tan facilmente. Muchos vienen, trabajan y se regresan. Aquí en el Car Wash hay muchos guatemaltecos, vienen por 4 meses, trabajan y se vuelven. Algunos pagan los taxes, pero otros no. Hay formas de pagarlos, aunque seas ilegal. Algunos no lo hacen por miedo. Pienso que deberían ayudarlos más. El trabajo duro lo hacen ellos. La gente de acá no quiere trabajar de eso...muchos no quieren que ellos esten aqui pero no quieren trabajar en sus puestos laborales". Otros, como Jacob de 70 años, celebran emocionados que el tema se esté tratando después de años de silencio. Su hijo es maestro de escuela y todos los días es testigo de las injusticias que corren los niños ilegales. Pero también existen opiniones como las de Lisa, "Creo que pueden venir acá siempre y cuando sean legales. Que paguen los mismos taxes, las mismas aseguradoras que yo, sino no me parece bien".
Pero como René Pérez, también puedo escribir sobre cosas bonitas. Y no es difícil hacerlo en este asombroso país. El Gran Cañon es, quizás, uno de los lugares más impactantes que vimos, un enorme y kilométrico hueco bajo la tierra, recorrido por piedas y por pinos; con 1600 mts de profundidad y una anchura de 16 kms. El río Colorado lo atraviesa zigzagueante a lo largo de 450 kms. La inmensidad de la nada deja perplejo a todos los que lo contemplen. Es que en este lugar es imposible no recobrar la memoria de lo que somos: ¿Apenas uno de esos indescifrables árboles entre un montón de piedras?. ¡No, menos, Clara!. ¡Ya se!. ¡Somos como esa roca que veo a la derecha!. ¡Tu ingenuidad me sorprende día a día!... ¿Qué? ¿Menor a ese árbol, menor a esa roca?. Listo. Esta miserable idea de no ser nada me resulta insoportable. Voy a volver a facebook.
El Gran Cañon fue el punto elegido para reencontrarnos con amigos. Aimé, Guille, Ema y Luli, recorrieron más de 2000 kms en apenas unos días para encontrarse con nosotros. Había pasado casi un año desde la última vez que nos habíamos visto con Aimi y Guille (en Nicaragua), y quedaba pendiente el cumplimiento de un macabro e injusto pacto. Las mujeres habíamos perdido en el truco y les deberíamos a los hombres un día entero de favores.
¡Que la nada nos pille bailando y con mate (y si es amargo, mejor)!
El Zion National Park atraviesa túneles con grutas y la formación de sus rocas es distinto a todo lo que habíamos conocido antes.
Se acercaba el cumpleaños de Joaquín y qué más lindo que pasarlo entre amigos, en el solitario y colorido Bryce (aunque también ventoso y frío). 
Pero se nos ocurrió que como estamos en el país creador de super-héroes, nosotros también podríamos tener el nuestro, y para eso llamamos al archi conocido "Hombre del Fuego" para que calefaccionara el ambiente y así pudieramos celebrar el cumpleaños número 31 de Joaquín.
(Disculpen queridos lectores pero la identidad del Hombre del Fuego debe quedar en el exclusivo anonimato. Espero sepan comprender).
El ambiente cumpleañero se empezó a sentir desde tempranito en la mañana. Los amigos habían preparado una rica ensalada de frutas con granola, café, algunos globos larguiruchos, un cartel de felíz cumpleaños y una tostada (hecha en el fuego por el Hombre del Fuego), cubierta por nutella y semillas (en su rol de torta de cumpleaños, versión mañanera).
Joaquín entonó las estrofas del felíz cumpleaños...y vasos vacíos.
En el festejo nocturno pasó de todo. Una de las tres parejas contrajo matrimonio (no daré sus nombres por respeto. Todavía no se lo han comunicado a sus amigos y familiares). Lo cierto es que ella, algo pasada de copas y envuelta en una tela deshilachada = velo, llegó hasta el altar de fuego para unirse a su futuro esposo (más ebrio que ella). Hubo un pastor y dos testigos que, emocionados, compartieron palabras con el resto de los presentes (también había ardillas como invitadas). El pastor impartió la orden (si, no me van a decir que los pastores no tienen un dejo autoritario, ellos siempre tienen que decir cómo y cuando hacer las cosas en las ceremonias) de que los contrayentes se pusieran los anillos. El novio sacó dos anillos de papel de aluminio y anunció su deseo de unirse en santo matrimonio. 
Después vino la fiesta, la mesa de dulces y, por último, el abrazo nostálgico con los novios.
(También cantamos el felíz cumpleaños) 
 
Y...¡Felíz Cumpleaños!. 
...de vez en cuando se puede ver algún pino perdido por ahí. Creció solo, agarrándose como pudo de la tierra, y sus raíces, las uñas de las que se vale para prenderse, parecen los tentáculos de un pulpo.
Este es el Bryce National Park, un lugar único, diferente. El parque de los castillos de arena color coral y los pinos melancólicos.
O de las fichas de ajedréz, o las rocas color batik.
Las coníferas verde musgo se mezclan con las piedras en degradé; el color pasa de ser rosado a blanco, de blanco a coral y así, como una persona encantadora que no es consciente de su encanto, hechiza con su magia a todos los que la observamos. El Bryce National Park supera todo lo imaginado.


¡Yo sabía que existían!. Años y años de infancia aguardando, en el árbol de mi antigua casa, encontrarme con alguno de ellos. Les hablaba, les hacía ropa y hasta comida. Nuestra relación era casi telepática. Veinte años después, henos aquí, reunidos en un bosque perdido del mágico Bryce. 
Periodico, que lleva sombrero naranja y barba blanca, se divierte con sus amigos. Periodico es nuestro nuevo acompañante. ¡Desde ahora y para siempre!. (Mis hijos, afortunadamente, no van a tener que hacer guardia en los árboles para encontrarse con el)
Para los viejitos gruñones, que añoran la juventud del pasado y se quejan de los adolescentes del presente, les presento a este grupo de chicos y chicas de 13 y 14 años. Ellos se acercaron con el entusiasmo y la frescura que muchos pierden al crecer; con la curiosidad y la intriga de quien busca conocer algo diferente, sin sentir verguenza de preguntar. Una de ellas nos escribió hace poco un mensaje que vale la pena transcribir. "Entrar a la secundaria es un gran reto. Es cuando uno empieza a entenderse en un nivel más profundo, es también cuando uno empieza a pensar lo que le gustaría ser en la vida...".
 Las áreas de descanso al costado de las rutas ya pasaron a ser los jardínes de nuestras casas. Los chicos juegan a la paleta mientras que los demás pensamos el menú de comida. ¿Fideos o arróz?. Pero nadie quiere acceder a mi propuesta: ¡Sopa de pelotitas! (¡tengo caldos de verdura que me traje de Buenos Aires, ojo!)

Aimé es la líder indiscutida, la guía grupal. Personalmente deposito toda mi confianza en ella, le entrego, enceguecida, hasta mi propia alma. Eso si. En el truco, cuando vamos perdiendo, suele perder toda eje y dirección. Luli es mi profesora de tejido. ¡Si! atención amigas crocheteras (Mechi, querida). Aprendí a tejer crochet y ahora voy por un par de polainas que en breve tendré el orgullo de presentar en sociedad. A ellas, le seguirá una manta multi-color.
A los "Loosers" se los puede encontrar en todos los países. No distinguen raza, religión ni cultura. En este caso queremos denunciar a uno. ¿O sino como se le dice a una persona que primero posa para una foto con un palo, después lo lanza con violencia unos metros más abajo (sin percatarse de la presencia humana en la zona), corre hacia adonde están sus amigos, les hace un "chóquelo 5" y les pide otra foto?. Atención guardaparques. ¡Detectamos a un Looser merodeando en el Arches National Park!
A nuestras madres, les decimos "¡No se preocupen por nuestra alimentación!". A medida que avanzamos rumbo al norte, los camarones y el salmón se vuelven cada vez más accesibles. Una comida que, afortunadamente empieza a ser "típica", adentro de la Westy. Camarones con puré.
En Provo, Utah, Sergio nos recibió en su casa durante dos días. Su mujer, Patricia y sus hijos, Valentina, Tomás y Catalina, fueron de lo más hospitalarios. También llegó David (a quien habíamos conocido antes en Las Vegas) para compartir unas ricas empanadas árabes que cocinamos con Patricia.
¡A los Herrera, GRACIAS por todo!. Firma: Los Ocupas.

Y nos despedimos hasta la próxima con una de las frases que más nos dicen por acá:
"Alaska?????!!!! Amazing!!!!!"

jueves, 13 de junio de 2013

Algo hizo crack...

La casualidad es un tema recurrente en la vida de estos viajeros. Hoy en día se la socava en nombre de la declarada enemiga mía, la causalidad, que también algunos llaman universo, otros, cosmos, hay quienes Dios, o hasta incluso los más modernos, "karma".
No quiero volver a aburrir otra vez con mis intrincadas teorías anti causalidad y pro-casualidad, asi que a los hechos me remito.
Promediaba el apacible marzo californiano, cuando nuestro querido anfitrión Moisés nos regaló el primer teléfono que tuvimos en todo el viaje. Hecho de por sí insólito, y más aún que tuviera línea libre para llamar con gusto. Por los mismos días nos poníamos en contacto con un grupo de fanáticos de Westfalias que saben socorrer a cualquier propietario en problemas, y sólo por las dudas alguno nos pasó el número de teléfono de un miembro del grupo de algún rincón de California.
Los hilos se unen y la magia se desata en el momento más crítico que le tocó vivir a esta nómada pareja. Dejábamos kilómetros atrás para reunirnos con la familia de Clari cuando en algún punto entre San Diego y Los Ángeles algo en la dirección de la aguja de la temperatura estaba mucho más al Este de lo recomendable. Después de superar la extrema tensión que significa orillarse en esa marea de bólidos metálicos que es la autopista 5 que une estas dos urbes, de salir con el motor en ebullición hasta la primer salida posible, y de propinarle unos cuantos golpes firmes y sinceros a la pobre Westy, decidimos llamar (con el inusual teléfono con inusual crédito) al número de ese tal Mark que vivía en algún lugar a menos de 2000 millas a la redonda en el tercer estado más grande de EEUU.
A continuación la transcripción más fiel que puedo recordar de la conversación, para causar más impacto en el lector:
-Yo: Hi Mark
-Mark: ¡Si, quién habla? (La conversación se llevó a cabo en un ininteligible inglés por mi parte, el misterio más grande es cómo me entendió alguna palabra)
-Yo: Me llamo Joaquín, viajo con mi mujer Clara, desde Argentina, se nos quedó la camioneta en la autopista 5, me dieron tu teléfono los del grupo Wet Westys, no se dónde vivís, pero no tengo otro teléfono..
-Mark: ¿Dónde están exactamente?
- Yo: En la salida de Oceanside.
-Mark: Vivo a 3 minutos, esperame ahí.
Él es Mark, y al margen de la enorme casualidad que significa el hecho de que tuviéramos teléfono, su número y que la Westy decidiera decir basta justito ahí, el milagro más grande fue que esa persona fuera quien fuera. Mark tiene, al menos declaradas ante la mujer 10 Westfalias, es quizás una de las personas que más sepa en el mundo de este noble vehículo, encima tiene todos los repuestos que alguien pudiera necesitar y además de todo me enseñó a arreglar todo lo imaginable, menos el motor que obviamente arregló un mecánico.
Voy a enumerar algunas de las cosas sólo para sentirme orgulloso de todo lo que aprendí, consciente de que mi bella mujer me va a regañar por tan aburridos datos:
-Bomba de freno
-Pastillas, discos y cáliper de los frenos delanteros
-Bomba de embrague
-Alternador
-Cárter
-Semiejes
-Rulemanes
-Mangueras varias
-Bomba de dirección hidráulica
-Bajada de caja de cambios
Y más cosas que ahora no me acuerdo.
Así de sucio y de feliz terminaba cada día, muy cansado, pero muy contento de estar arreglando con mis propias manos tantas cosas. Cosas que creía que nunca en mi vida iba a ser capaz de hacer.
Y para probarla, salimos a dar unas vueltas por los deslumbrantes desiertos del sur de California, pasamos por pueblos que creíamos eran solo escenografías de películas amarillentas. Como Julian City, camino al desierto de Anza Borrego.
Para sentirse solo hay una receta infalible y es partir hacia el medio de esta tierra yerma, estacionar y dejar pasar un par de días. Este tipo de páramo, es contradictoriamente el lugar preciso para que florezca todo lo que uno puede estar ingnorando a fuerza de todas las distracciones que regala la cuidad. (Para el que mira rápido la foto y lee hasta el final del párrafo (usted es un poco raro), le cuento que nuestra Westy está arrinconada y mimetizada entre las espinosas plantas.
Y sí, hasta en el desierto la flor puede crecer.
Además de un rico crecimiento interior, a algunos el desierto les pega para otros lados. Después de caminar un rato aburrido, se pueden pasar horas intentando aparentar que escalan peligrosísimas paredes de granito, e incluso poner caras de gran esfuerzo.
Siguiendo por esta zona de tierras secas y áridas, fuimos a dar con la curiosa cuidad de Palm Springs, en otros tiempos refugio de estrellas de Hollywood y hoy en día un enorme oasis artificial de palmeras y centros comerciales. Desde arriba de una de las montañas que la rodea se puede ver como en medio de una infinita llanura amarilla, el desvío de unos cuantos ríos le da vida a esta cuidad que para protegerse del calor insoportable incluso en primavera, vive derrochando agua y aire acondicionado. En este lugar uno se puede hacer una idea concreta del desperdicio que implica querer fundar un pueblo en un lugar donde la naturaleza no tiene intenciones de permitirlo. Sinceramente, no entendimos cómo a alguna persona se le puede ocurrir venir a vivir a un lugar así, pero bueno... todo esto pasa mientras Clari le mira la bombacha a Marilyn.
Pero no toda la artificialidad nos choca, continuando el camino fuimos a parar a Pioneertown, un pueblo construido como escenografía para una película en la década del 40, en alguna zona perdida del desierto. Así como nació, permaneció durante más de 6o años. Hoy es un secreto turístico que cada tanto convoca a los más famosos músicos del mundo para tocar ante un puñado de gente, según ellos mismos, por la mística del lugar.
Y de nuevo la casualidad nos regaló otra muestra gratis ese día, como llegamos a la tarde y vimos que armaban un escenario, preguntamos. Ese mismo día tocaba Franz Ferdinand, una banda escocesa que andaba de gira por la zona y esa noche tocaba para sus 100 máximos fanáticos y nosotros dos.
El destino siguiente era el Parque Nacional Joshua Tree, más tierras áridas, pero esta vez salpicadas por el árbol de Josué, nombre que le dieron los colonos mormones bajo los efectos de vaya a saber uno qué sustancia al ver las ramas similares a los brazos del patriarca bíblico.
Ahí mismo descubrimos que la mayoría de los campings de los parques nacionales no tienen nadie que cobre la entrada, por eso los alegres acampantes ponen la plata dentro de un sobre y lo meten en un buzón. Así funciona y por lo visto bien, algo inimaginable en cualquier otro país que hayamos pasado.
Y la vuelta de prueba llegó a su fin con un éxito rotundo, todo perfecto, y ahí sólo volvimos a lo de Mark para bajar la caja de cambios para ver si los engranajes estában bien y de paso sacar las pérdidas de aceite.
Así llegamos al fin de la visita a lo de Mark y Anne, obviamente las palabras de agradecimiento por tanta ayuda nunca fueron suficientes, pasamos 15 días desordenando su rutina y engrasando todo a mi paso.
Ellos vinieron a desmoronar de un soplido la idea de que la mayoría de los estadounidenses son fríos e individualistas, toda la ayuda incondicional a dos desconocidos habla por sí sola.
Por eso vamos a estar eternamente agradecidos nosotros dos y sobre todo la Westy que no sólo tuvo su merecido paso por el mejor spa del mundo sino que también pudo vivir rodeada de sus congéneres como nunca antes en su vida.
Se acabaron los arreglos pero no los desiertos, y por desgracia, menos el calor. El termómetro del Parque Nacional Death Valley (Valle de la muerte) marcaba 40° C y prometía seguir escalando. Me animo a decir que el nombre no se debe a ningún eufemismo, el sopor que produce el bochorno del lugar, es lo más parecido a la muerte.
La mayor parte del valle está por debajo del nivel del mar, y en el fondo se llega a los 83 metros por debajo. No corre la más mínima brisa y el aire pesa sobre los hombros como en ningún otro lugar del continente.
El cartelito sobre las rocas indica el nivel del océano, y todo lo hizo la nueva Westy, el único vehículo que se atrevió hasta esos confines del infierno SIN aire acondicionado en los últimos 20 años.
Después de llevar nuestras anatomías a tales condiciones, nada podía ser peor, y mucho mejor fue el área de descanso que encontramos vacía para nosotros. En la mayoría de las autopistas del país existen estos lugares perfectos para los viajeros de exiguo presupuesto. Baños, mesitas y agua potable. Demás esta decir que descansamos más de las 8 horas permitidas, estuvimos ahí unas 36, que incluyeron ducha en canilla de alta presión y todo.

Después de tanta soledad, de tanta lejanía de toda comodidad, la contradicción máxima se nos hacía presente sin aviso previo. Las Vegas, "la cuidad del pecado" aparece en medio de la nada misma con su inconfundible silueta llena de provocación.
No cuesta nada imaginar por que se asocia a este punto del mundo como el lugar del pecado, las luces, el derroche, la oferta sexual a toda hora y prometiendo la mínima demora, el juego, el alcohol, las drogas, los autos del futuro, las limosinas y los homeless parecieran ser las premisas de la cuidad.
Es impactante y hasta divertido, pero no se puede parar a pensar si uno no quiere deprimirse y preguntarse qué pasó con el ser humano, y menos aún encontrar una respuesta con algo de esperanza. Las Vegas, o te dejas llevar, o te ponés a llorar.
Mujeres enjauladas distrayendo a los apostadores para exprimirles hasta el último centavo.
No vaya a ser que varias horas de juego le hagan doler la cintura y el cliente se vaya a descansar, no señor, vaya y hágale masajes para que pueda jugar todo el tiempo que quiera, llévele comida, tragos, que no se pare, dígale que va a ganar.
Michael no murió, es croupier en una mesa de black jack.
Y si, el moralismo tiene un límite. Nos dijeron: "Si te sentás en una maquinita te traen algo para tomar". No se diga más, los intransigentes viajantes cedieron y jugaron unas monedas con la ilusión de quebrar al casino y así lograr un mundo mejor, con menos salas de vicio.
Como no podía ser de otra manera, en Fremon Street, está la pantalla más grande del mundo. 300 metros de lcd, y recitales cada una hora. Es imponente, en esta calle se ve de TODO, japonesas dejándose tocar por stippers, hombres disfrazados de robots o súper héroe, ancianas confianzudas, ventrílocuos, contorsionistas, bailarinas semidesnudas y ningún niño.
Ah, y restaurantes que prometen mandar al comensal directo al hospital, o mejor aún, que son atendidos por enfermeras para el eventual ataque al hígado que puede provocar las hamburguesas que se jactan de contener el mayor colesterol concentrado por gramo hasta la fecha. Capusoto no inventó nada.
Pero no todo es vicio en Las Vegas. Fuimos a comprar yerba a El Rincón de Buenos Aires, y todo cambió.
El restaurant era de un argentino y se lo vendió a René, la sonriente dominicana que aparece junto a nosotros y Mariano, el típico bueno mozo argentino. Volvimos a comer las mejores milanesas napolitanas, empanadas, dulce de leche y sobre todo, ahí conocimos muchísima gente que nos ayudó comprándonos postales para seguir el viaje.
Acá estamos con Sergio, como tantos otros, nos ofreció su casa para ir a dormir mientras estuviéramos en la cuidad, y estábamos tan cómodos que no solo no nos íbamos cuando debíamos sino que también pasamos a ser los ocupas mejor tratados de la historia de Las Vegas. Noches de fernet y habanos, también con César y David. La verdad es que nunca esperamos conocer tanta gente que de alguna u otra manera nos apoyara en Las Vegas. Por estas razones, esta cuidad no va a ser nunca más para nosotros la cuidad del pecado si no todo lo contrario.
Además de todo Sergio me dejó manejar su Camaro, no le pudimos pedir más a Las Vegas, nos fuimos con el corazón más contento que nunca, a encontrarnos con nuestros amigos viajeros en el Gran Cañon de Arizona.

Y para despedirnos, les dejamos una foto ecléctica de las tantas que nos sacamos esos días. Acá con la agrupación tradicionalista boliviana y un grupo de argentinas bartenders.
Pero hasta aqui llegamos, el resto, el reencuentro con los amigos será para la próxima.
Y después de una entrada tan larga, y si el lector llegó hasta acá: ¡LO FELICITAMOS! y se ganó un premio, demuéstrelo y comenté aqui debajo, le haremos llegar el reconocimiento vía Fedex.