...de Ushuaia a Alaska, allá vamos, porque a pesar de las diferencias, todos somos iguales.

jueves, 24 de marzo de 2011

Prensa

Aunque nos dé un poco de vergüenza, la fama nos acecha...
Muy locamente, mientras le arreglaban la bomba hidráulica a la Westy, apareció una camioneta de "Prensa" y nos sacó una foto. Toda la información de la nota se ve que la sacaron del blog porque no tuvimos tiempo de hablar con el periodista.
En el próximo capítulo les explicamos mejor como es que llegó a pasar todo este asuntito de la fama...

http://www.laopinionaustral.com.ar/diario.asp?Modo=Noticia&NId=30520&A=2011&M=3&D=

domingo, 20 de marzo de 2011

Ríos que son rías

Las fórmulas exitosas, de esas que garantizan satisfacción, no son muy comunes en los viajes, lo comprobamos. Saliendo de Rada Tilly, después de pasar la noche en el cuartel de bomberos encontramos en la rotonda que salía hacia la ruta una pareja mochileros, no estoy seguro de que estuvieran haciendo dedo, pero como veníamos de una linda experiencia con gente extranjera bastó que nos miráramos con Clari para decidir en un santiamén dar un pisotón al freno y hacer cincuenta metros marcha atrás para ofrecerles un aventón. Como dije, era una pareja, él de Rusia y ella ucraniana, estaban terminando un viaje de un año alrededor del mundo, con un proyecto cultural que era interesante. Era obvio, no iba a pasar lo mismo que con los anteriores, hablamos un poco, lo que nos permitía la barrera idiomática y los gritos del viento patagónico que azotaban a la Westy. Así fue, como sin pena ni gloria dejamos a Marcel y Olga en el cruce de la ruta 3 y el camino que nos llevaba a Puerto Deseado, nuestro siguiente destino.

Esta cuidad, tiene como atractivo más grande una ría, esto es algo muy parecido a un río, que además de la última letra, se diferencian en que la primera tiene agua de mar en vez de agua dulce. Es un acontecimiento muy raro, de hecho creo que en la Argentina hay solo dos (Perdón por la falta de rigor periodístico) y se forma cuando un río común y silvestre se seca y en su cause vació se mete el mar, esto pasa acá gracias a que a eso, se le suma la gran amplitud de mareas que hay en la costa patagónica del Mar Argentino, hay lugares en que varía 14 metros la altura del mar y 2 veces al día.

No los aburro más, ya instruidos puedo contarles que los 40 km de ría son increíbles, tiene cañadones, playitas, islas con pingüinos, otras con lobos marinos y toninas overas por todos lados, son delfines pero con colores de orca, increíbles, pero nos quedamos con ganas de verlas lamentablemente. Esta vez ni apuntamos a dormir en campings, nuestra experiencia nos dice que son caros y mucho más feos que los lugares que se pueden encontrar libres de cercos. Pasamos de largo el pueblo, y fuimos directo a la ría, encontramos una bahía linda, en frente a una isla de pingüinos, nos felicitamos por la decisión, comimos y a dormir. El día siguiente fue una buena prueba, amaneció lloviendo, frío y con mucho viento, decidimos quedarnos todo el día ahí y la Westy volvió a probarnos que es cómoda y gauchita, estuvimos casi todo el día adentro, cartas, lectura y comida, un buen día de descanso y dormimos sin pasar nada de frío.


Nuestro campamento el primer día en la ría Deseado.

Con el sol de nuevo arriba, fuimos tras las andanzas de Darwin, que según la folletería que nos hacía más pesada la camioneta, aseguraba que eran muchas. No se si por falta de indagación o de ganas, no encontramos nada y nos entregamos a los placeres del guiso. Para que se entienda, nunca habíamos comido afuera desde comenzado el viaje y decidimos darnos el gusto. Paramos en “Lo de Armando”, un cálido restorán que además tenía entre sus bondades Wi-fi. El menú del día era guiso de lentejas, le preguntamos a el mismísimo Armando si la porción era como para compartir, ya que además de no tener mucho hambre, contábamos con menos presupuesto. Generoso gastronómico, prácticamente nos regaló la comida y también una breve lección turística de la Patagonia que bien conoce.

Joaquín, Armando y Clari en "Lo de Armando" después del guiso.

Para dormir la última noche en la ría Deseado, buscamos otra playita y encontramos una mejor, la tarde vino mientras jugábamos al truco y tuvimos que suspenderlo. Sabemos que los cielos patagónicos son de regalar atardecer sobresalientes, pero este nos dejó boquiabiertos, además de nubes prendiéndose fuego por todos lados, pareciera que todos los animales se pusieron de acuerdo para vocalizar, los lobos marinos, cormoranes, y pingüinos en concierto, como agradeciendo el día y ese atardecer. Este comportamiento fue muy similar al que una vez vivimos en el exclusivo balneario de Punta del Este, precisamente en la playa de Solanas, donde la gente aplaudía cuando el sol se terminaba de poner en el horizonte. ¡Qué parecidos son estos veraneantes a los pingüinos de Magallanes!

Intentando alguna canción.

Son gaviotas, no tan interesantes como los pingüinos pero hicieron una buena foto.

A juzgar por la cara del pescador, no fue un buen comienzo, ojalá sea la mala suerte de principiante.

Reflexivo. ¿Será la desdichada actualidad de River la que lo turba?



Incendio en el cielo.




Saliendo de Puerto Deseado nos desviamos para conocer la gruta de la Virgen de Lourdes.


Es mi turno

Tras catorce días de viaje e innumerable cantidad de halagos y buenos augurios, decidí hacer finalmente mi presentación formal ante todos ustedes, queridos lectores. Disculpen si antes no lo había hecho, pero he tenido mis motivos. Consideré pertinente esperar esta justa cantidad de días para que comprobaran que las virtudes que se me han adjudicado meses atrás no han sido en vano. Pido disculpas también por mi tono formal al escribirles, quizás sea cuestión de ir entrando en confianza hasta que pueda tutearlos. Aunque tenga solo 22 años, creo tener experiencia y caminos recorridos como para compartirlos con ustedes. Nací, como mi edad indica, en 1989, soy hija de padres que la han sabido luchar y me han inculcado ese valor. Ellos se conocieron durante el auge del movimiento hippie en Estados Unidos. Papá, ya retirado, ha trabajado durante más de 40 años como transporte escolar. Mi madre, aún trabajadora, lleva pollos y huevos a la granja de Don Esteban. Ya desde niña he mostrado interés por cuestiones sociales y podría, orgullosamente aceptar, que simpatizo con los movimientos de izquierda. Los que me conocen podrán notar que no tengo aire acondicionado, tampoco vidrios polarizados o airbag. Mis mejores amigos son el Citroen 3 CV y el Falcón (ciertos conocidos míos se han vendido durante la dictadura a los militares a cambio de arreglos mecánicos, pero son los menos). ¡Qué recuerdos que tengo de la adolescencia junto al Citro y al Falco López!. Mientras las motocicletas seducían a los Audis y BMW para obtener de ellos algún beneficio, nosotros, los que estábamos por fuera del sistema, nos reuníamos para debatir sobre situaciones de desigualdad social, por ejemplo, lo difícil que era para los más viejos, conseguir repuestos (esto no ha cambiado aún).

Mi madre me ha dicho, desde que soy niña, que con lo bellas que somos las combis tendríamos que cuidarnos de los camiones y colectivos, ya que ellos siempre andan al acecho de vehículos como nosotras. Bueno, debo admitir que ella no se ha equivocado, las madres saben. A lo largo de estos 14 días de trayecto he recibido unas cuantas guiñadas de luces por parte de ellos, además de bocinas y algún que otro piropo como “¡Qué tren delantero que tenés bombón!” o “¡Como me gustaría ser gomería para tocar esas gomas!”, con lo cual suelo avergonzarme y prender las valizas en señal de disconformidad.

A nadie le agrada demasiado hablar sobre las virtudes de uno, pero tengo a mis conductores al lado, insistiéndome para que lo haga. Podría decir, humildemente, que soy una tipa enérgica, tengo dos baterías; me apasiona la música, por eso lo más tecnológico que llevo conmigo es un buen equipo de audio para disfrutar siempre de ella, vaya donde vaya. Nunca me sentí del todo cómoda andando a más de 100 kms por hora, por eso mi andar es sereno, voy a 80kms. Eso permite a mis dueños ir charlando y tomar mate tranquilos. Cuando observo a los fanfarrones de siempre pisar el acelerador a más de 140 kms confirmo una vez más, el porqué de mi amistad con el Citro y Falcón, ellos comparten valores parecidos a los míos.

Bueno, bueno, está bien, lo voy a decir. Aquí estoy con Clara, una de mis conductoras, me empuja para que les diga lo contenta que me siento por estar conociendo América, a decir verdad, solo conocía Brasil. Me daba timidez contarlo. ¿Cómo es posible que una combi de 22 años solo conozca el país de las bananas y el buen baile?. Pero ahora, con Joaquín y Clara pude tener esta increíble oportunidad para mostrarles que por más vieja que parezca o tengan que frenar cada dos estaciones a cargarme líquido hidráulico, soy una tipa leal y corajuda. La vida me dio calle y por eso el asfalto es moneda corriente para mí, aunque de lo que más disfruto es del ripio y las subidas, ya que ahí puedo desplegar toda mi potencia…Rrrrrrrrrr. Finalmente…¿qué decir de ellos? El barbudo me limpia y ordena como nadie lo ha hecho jamás. Hasta lo escuché decir que compraría Blem o Cif para limpiarme, ¡eso sí que es tener buena suerte! Y la chica me habla bastante, a veces me gustaría un poco más de silencio, me agrada reflexionar mientras ando. Pero no me puedo quejar, son buena gente, si hasta me han decorado en una gráfica, dejándome realmente bonita con los mapas de América. Yo estaba acostumbrada a mis amigas combis vestir diseños de LaveRap a domicilio, El Noble Repulgue o tintorerías... Disculpen la distracción, nunca les dije mi nombre. Me llamo Kombi Westfalia, pero pueden llamarme Westy.

Clara demostrándome su cariño, Joaquín es más frío pero lo demuestra cuidándome.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Una de bomberos

Los kilómetros siguientes a la despedida de los viajantes europeos fueron una nueva adaptación, cómo los matrimonios maduros que se quedan con el nido vacío, éramos dos otra vez, si, lo mismo pero en muestra gratis y sin ser todavía unos casados añejos. Creerán que exagero pero si hay algo que ya podemos ver en este viaje es que, como en la vida, los cambios son constantes, y si hay cualidades que ayuden en el caso, una es la capacidad de adaptación, que gracias a Alá, los dos estamos viendo que tenemos. Realmente estuvo bueno compartir tres días con otra gente, tan cerca que uno se sentía con el deber de avisar hasta para ir al baño, o al acantilado en mi caso. Por eso digo que separarnos fue como ver la emancipación de tres sub-hijos.

Ya en ruta, sin cruzar más palabras que las necesarias por unas largas horas, fuimos encontrándonos, y con la Westy rumbeando para Comodoro Rivadavia tuvimos otra de las tantas charlas con Clari, de esas que disfrutamos mucho y estamos teniendo muy seguido. Los largos tiempos de ocio rinden sus frutos. Una vez llegados a la cuidad del petróleo, que no merece más descripciones que esa, hicimos unas rápidas compras y estuvimos puntuales a las 19 hs. en un bar para ver a River, y Clari de paso se conectaba con el mundo gracias al wi-fi. Salimos después de la injusta derrota y no teníamos plan alguno, era la primera vez que nos “agarraba” la noche sin lugar donde dormir y ni si quiera habíamos comido. Fuimos hacia el Sur con la ilusión de encontrar algún camping y lo encontramos en Rada Tilly, el barrio agraciado y pudiente de la zona. El problema es que no tenía un solo punto a favor, no tenía luces, no tenía gente, no tenía entrada ni baños a la vista. Para dormir ahí, pensamos, durmamos en la calle. Después de dar varias vueltas por el vecindario y comprar una micro-tarta de zapallitos para los dos, que encima traía brócoli, arvejas, choclo y olía a pescado (A Clari le gustó) empezamos a dudar de nuestra posibilidad de pasar una buena noche. Mi humor había empeorado considerablemente después del partido de River y la tarta de mil verduras, pero por suerte o por memoriosos, no sé, nos acordamos de un consejo que nos dieron hace tiempo: “Siempre que necesiten pídanle una mano a los bomberos que son muy serviciales”. En buena hora las esperanzas se renovaron, giramos en falso unos cuantos minutos más buscando el cuartel que ningún transeúnte sabía ubicar, pero finalmente dimos con el. Le pedimos permiso a los dos voluntarios que hacían guardia para dormir en la puerta y no sólo nos lo dieron, sino que también se ofrecieron para cualquier otra cosa que necesitáramos. Sólo les usamos el baño a la noche y dormimos tranquilos sabiendo que estábamos custodiados por gentes tan amables.



Dormimos mucho y cuando nos despertamos nos prestamos a la charla con el que nos había atendido la noche anterior. Muy amablemente, nos ofreció mate, café, una ducha y si queríamos que nos diéramos un baño de inmersión, con Clari no podíamos salir de nuestro asombro por tanta hospitalidad pero nos bastó imaginarnos en una bañadera con espuma en el cuartel para desistir de la cordial propuesta.

Comprobábamos igualmente que estos hombres son casi héroes, además de apagar incendios, rescatar accidentados y bajar gatos de los árboles, son más buenos que la avena quaker. Entre mate y mate, como quién no quiere la cosa, Nicolás, así se llamaba el bombero, nos contó el origen de su vocación. Parece que de chiquito le gustaba mucho el fuego, tanto que se hizo pirómano. La llama que rebalsó el vaso la prendió cuando tenía doce años, harto de que la vieja de enfrente de la plaza los regañara cuando jugaban a la pelota, esperó que se fuera con su carrito de compras y le puso algún que otro algodón con querosén ardiendo alrededor de la casa. Atenta la madre, en vez de castigarlo lo mandó a la escuela de bomberos. Gracias a la sabia decisión de ella, hoy Nicolás está de este lado y no quiere saber nada con fuego, tanto que se dedica a extinguirlos.


El voluntario Nicolás y Joaquín.



Cuando el lenguaje traspasa barreras


A los pocos días de comenzado el viaje, en un pueblo llamado Gaiman, famoso por sus pasteles de crema, torta negra y tés (Lady Di tomó el té ahí), conocimos a tres personas muy especiales, quienes serían para nosotros, compañeros de ruta a lo largo de casi tres días. Roman, un joven suizo de 19 años, buscador, culto y de gran corazón; Emily y Nico, una pareja de franceses. Ella, enfermera y él amante del buceo, procedentes de New Caledonia, una isla en el Pacífico. Los cinco viajamos en la Westy desde Gaiman hasta Cabo Dos Bahías cerca del pueblo de Camarones (lugar donde paso parte de su infancia J. Domingo Perón). Allí tuvimos contacto con pingüinos de la zona. Según Joaquín, estos animales son más lindos en la televisión que en vivo y en directo. Parecen calmos y dóciles pero había uno de ellos, especie de pingüino piquetero, que se le enfrentó a Joaquín en un puente. Bastante valiente el pingüino. Para mí, eran una manada de novios con jaqué a punto de casarse que no parecían muy alegres con la decisión porque corrían de un lado al otro, cual pretendientes arrepentidos, en busca de libertad.


Hay que ser valiente para acercarse mucho a estos pequeños seres.



Si hay alguna agrupación piquetera entre estas aves, este vendría a ser Castells, bravo bravo era.

Fue realmente lindo conocer a Roman, Emily y Nico. Francia, Suiza y Argentina, intentando comunicar y expresar ideas, sentimientos y pensamientos. A veces, misteriosamente, las personas, a pesar de no entender todo sobre lenguas extranjeras, logramos comprendernos a través de la mirada. Durante tres días conocimos de manera profunda las vidas de estos tres amigos del camino, sus países, deseos y sueños. Emily trabaja como enfermera de pacientes terminales, ancianos y jóvenes que están por morir. Su manera de ser reflejaba simpleza, dulzura y una gran calidad humana. Nico es observador, calmo y generoso. Roman, un chico con una fortaleza y búsqueda interior, pocas veces vista en jóvenes de su edad. El piensa que el camino tiene que tener corazón y búsqueda y lo que más importa en el ser humano son los valores y la solidaridad entre unos y otros. Con tan solo 17 años había viajado durante dos meses por Ecuador, enseñando inglés en escuelas rurales y actualmente anhela conseguir un trabajo como peón en nuestro país para empaparse de la cultura sureña. Durante los tres días que pasamos juntos, compartimos comida, anécdotas y charlas que traspasaban el lenguaje y país de cada uno, incluso hubo tiempo para competencias internacionales. A falta de la play station los chicos se entretuvieron jugando a embocar piedritas en una botella.


Roman, Emilie y Nico, posando en nuestra casa.

Un lugareño con problemas mecánicos acudió a la ayuda internacional.


Pareciera que solo queremos acampar en lugares de postal.


Mates y debates sobre la existencia de Dios.

Con este atardecer difícil no hacerse esos planteos ¿No?

¿No?

La fauna que vemos a diario, en este caso zorro y guanaco.


Westy in the sky with diamonds.


Clari en un momento de lectura. (Leyendo el libro que le regalaste vos Cuqui)

Competencia internacional. Resultado final: Francia 10, Argentina 8 y Suiza 3.

Y llegó el momento de la despedida. Roman, Emily y Nico se dirigen hacia el norte y nosotros hacia el sur. Ellos intentarían hacer dedo para llegar a Puerto Madryn. Decirles adiós no fue tan fácil como creíamos. Nos dimos cuenta que a lo largo del viaje conoceríamos a muchos amigos a los que tendríamos que despedir y quizás nunca más volver a ver. Lo que permanece es el sentimiento de compartir y abrazar a personas quienes, de un día para el otro, entran en el corazón y recuerdo de uno…

jueves, 10 de marzo de 2011

Primeros pasos

Inauguramos el camino con una de nuestras canciones favoritas, Guanuqueando, de Vilca cantada por Mollo. Su letra no solo expresa muchos de nuestros sentires sino que además, a los dos nos conmueve y emociona por su melodía. Digamos que es una canción rutera, que acompañada a un rico mate, hizo que los primeros kilometros fueran realmente inolvidables para Joaquín y para mí.
A medida que nos ibamos alejando de la "Gran Ciudad", notabamos que los saludos y bocinas de desconocidos aumentaban. Algunas familias en sus autos sacaban sus manos por las ventanas para darnos aliento. Nuestro primer destino fue Santa Rosa, La Pampa. Elegimos una reserva natural, que se llama Parque Luro, para pasar la primera noche. Los Maica, una familia de la provincia fueron los primeros con los que compartimos un rato de charla. Ariel, uno de ellos, había construido una especie de bici-triciclo y se había ido pedaleando hasta San Luis. Yo le dije que lo admiraba porque como soy tan poco deportista, todo esfuerzo físico me resulta motivo de admiración. Hasta nos mostró la foto de su invención. Esa primera noche llovió muchísimo. Fue como una especie de bautismo pero con litros y litros de agua bendita. La Westy estaba realmente contenta de haberse bautizado de esa manera, no sabemos que religión tomó pero que quedó limpita seguro.
"Los animales son los únicos que comen para sobrevivir, nosotros en cambio, guardamos una vaca en el freezer por una semana. Ellos comen lo justo y necesario". Esta es la primera frase que anotamos en nuestro cuaderno viajero de frases. La dijo una de las cuidadoras del parque. Tiene razón creo.



Primera parada en Parque Luro, la Pampa, primera foto de la Westy y uno de sus conductores.


Segundo destino a encarar: San Antonio Oeste. Un pueblo realmente misterioso para mí, no así para Joaquín. A mi me irradió una especie de energía tenebrosa, no quería quedarme a dormir ahí. Quizás sentí eso por dos cosas en especial: El encuentro con un viejito de la zona, que palo en mano, cinco perros a su alrededor y unas botellas de whisky ya bebidas, mantuvo con nosotros una especie de monólogo. Con el comprobamos una vez más que los "locos y los borrachos nunca mienten". El viejo dijo "En Buenos Aires hasta al diablo lo mataron". También creo que tenía razón. Bueno, el segundo motivo de desconfianza con respecto a esta ciudad de ala misteriosa fue que estaba llena de barcos en la arena. Lindísimos para retratar y guardar el momento memorial, sin embargo, creo que tenían un dejo fantasmático. Joaquín no está de acuerdo con esto. Buenísimo. Significa que somos diferentes!




Moderno sistema de lavado de pies, barcos encallados.



Los barcos encallados según Joaquín vs. los barcos con fantasmas según Clara


El desesperado pedido de abandonar la ciudad fantasma, sumado también al anhelo de mi marido por continuar viaje, hizo que desembocaramos, siendo el segundo día, en una playa de la ciudad de Las Grutas. Esto confirmó nuestra teoría intuitiva. Es muy simple. Siempre hay que seguir la intuición!. Gracias a ella, dormimos en una playa desértica, rodeados de estrellas y un sonido de mar increíblemente romántico. Cocinamos unos fideos y abrimos el vino tinto que nos había regalado mi querida amiga Magda. Aprovecho, amiga, para decirte que estaba riquísimo! Nos tomamos toda la botella y brindamos juntos como la situación lo merecía.


La playa alejada de Las Grutas



Al día siguiente, ante la aparición de cuatriciclos y camionetas en la playa, decidimos seguir viaje. Nuestro próximo destino sería Península de Valdés. Acá estamos. Instalados hace casi dos días en una playa de piedras y campo alrededor.
El paisaje es único como también el viento que nos tocó la primera noche. La Westy se mecía de una lado al otro y Joaquín me asustaba con sus comentarios sobre huracanes y vientos que podrían hacer volar la camioneta por el aire. Yo decidí entregarme por completo. Si hay que volar, volemos! Cuenta pendiente para mañana: Pescar un pejerrey y comerlo.



La vista desde nuestra casa ese día

Partida

Cada una de las veces que en mi vida escuche la frase: "No alcanzan las palabras", juré para mis adentros nunca usarla, habiendo tantas y tan buenas no vale la pena pensaba. Intentaba justificar al que la dijera o escribiera, trataba de imaginar qué sería lo que pudiera merecer tal atributo y nunca lo logré.
En fin, a todos nos llega la hora. De la despedida del Domingo a la mañana, cuando nos íbamos, puedo decir muchas palabras, impresionante, intenso, feliz, nostálgico, fuerte, lindo, raro, y podría decir más, pero muy a mi pesar, no me alcanzaron las que conozco para decir lo que sentimos ese día.
Empezamos temprano con el timbrazo de Mechi y Tomy que al tener un hijo-despertador, el levantarse a las 7 un Domingo no les debe haber costado mucho, en el rato siguiente fueron cayendo amigas de Clari, amigos míos, mis hermanos, los de Clara que se despertaban y sus papás, que estaban listos como siempre para dar una mano en lo que hiciera falta. Cuando las facturas ya no pasaban libremente a mi estómago por el nudo que los nervios estaban tejiendo en mi garganta, se me ocurrió sugerirle a mi compañera de ruta que liquidáramos el asunto, claro, no sabía lo que nos esperaba.
Salimos todos a la calle y cuando iba a poner en marcha la Westy se me ocurre empezar a saludar lógicamente, doy media vuelta y me encuentro a Joaqui, mi ahijada de 9 meses, la alzo, la abrazo, le doy un beso y pareciera que en ese mismo acto ella abrió la canilla de mis lagrimales o algo por el estilo porque no pude parar de llorar por un laaargo rato. Pasaron por mi abrazo todos, Cacús, mi ahijado; Benja; Cande; Tobías, los más chicos primero, a los que más nos costó saludar, era despedirlos y en unos pocos segundos querer estrujarlos para llevarnos un poquito de ellos con nosotros, muy fuerte. Pero también estaban los demás, nuestros hermanos, que son amigos, que compartimos tanto, no fue fácil, los abrazamos bien fuerte, nos dijimos lo que nos queríamos, denuevo nos quedamos sin palabras y para esa altura ya parecía un velorio, muchos llantos, pero también mucha buena energía. Y bueno, los amigos o amigazos mejor dicho, ya el gesto de levantarse a las 8 un Domingo dice mucho, pero el apoyo constante que nos hiceron sentir desde el momento que les contamos la idea de hacer el viaje nos lo dieron de nuevo en esa despedida tan increíble.
Cuando puse primera se me ocurrió que para situaciones de llanto y manejo debería existir algo como los limpiaparabrisas de los autos pero para ojos de humanos, no podía ver ni a 2 metros. A falta de dicho invento me sequé las lágrimas con las manos y cuando estábamos a mitad de cuadra aparecieron Celi y César pedaleando sus bicis muy cerca nuestro, risas y lágrimas se empezaron a mezclar. Cuando llegamos a Márquez y no pudieron segruirnos (La Westy es muy veloz cuando quiere), aparecieron Murray y Lu en un auto, después Nico, Tobías y Delfi, unas cuadras más tarde, Victoria, Tony, Juan Cruz y Cande, no podía parar de llorar y quiería terminar con la caravana. Cuando dí el último suspiro en el acceso Oeste km 16, dando por terminada la temporada de lágrimas, sonó el teléfono, era Javier que se había quedado con ganas de darnos un abrazo, para qué... Nos esperaba en el km 20 al costado del peaje, nos bajamos nos dimos más abrazos con él, Belén y los mellizos y denuevo a llorar. Esta vez se pasó más rápido por suerte y al ratito nos empezamos a mirar con Clari y mientras nos reíamos nos preguntábamos cómo se nos había ocurrido hacer esto.A partir de ese momento, ya nos sentimos en viaje.