Existen, para nosotros, dos maneras de intentar conocer un país. La primera es recorrerlo, entrar en lo cotidiano de su gente, intercambiar miradas, preguntar, debatir o simplemente compartir un té mientras se mece uno en una silla.
Es más difícil conocer la raíz y el corazón de un país si no se entra en contacto real con su gente, con las historias de vida y su naturaleza humana. La otra forma (que necesita de la primera inevitablemente), es mirarlo desde afuera, comparándolo con otros y analizar su calidad de vida en relación a la de sus vecinos… La mirada que intenta ser objetiva es una mirada que logra tomar distancia y despojarse de toda ideología, postura o sentimiento político. ¿Es posible ser objetivo cuando se intenta conocer la realidad de un país?...Si de estadísticas se trata, existen estudios y cifras concretas que nos hablan de distintas áreas a evaluar en un territorio (la educación, la salud, el trabajo, etc). Pero como nosotros somos personas corrientes que intentan conocer a través de la mirada y las historias con la gente, no podemos dar cifras ni ubicarnos en lugares de demasiada objetividad. Simplemente podemos compartir, subjetivamente, lo que nosotros vemos y creemos…nada más…no es la verdad de la milanesa pero tampoco distorsionamos la realidad alucinando ver cosas que no existen…
Mirando el mapa de un nuevo país a conocer.
Colombia es la tierra del café, el vallenato, la salsa y las curvas. Mires por donde mires, las mujeres llaman la atención por vestirse atractivamente. Mini faldas, escotes y pantalones ajustados. Colores, flores y combinaciones que salen del estereotipo porteño de lo que ser bello significa. Lo lindo es ver que, sin importar contextura o figura, se animan a vestirse como más les gusta y a resaltar su cuerpo y las zonas más atractivas que las mujeres tenemos. Como si una especie de desinhibición y desprejuicio colectivo las alentara a mostrarse más libres y conectadas con su cuerpo de lo que somos las argentinas y otras mujeres en Latinoamérica. Esa liviandad y naturalidad con la que viven lo corporal, el baile, la vestimenta y todo lo que rodea a lo físico se contagia rápidamente acá en Colombia y hace cuestionar a una (o por lo menos a mí), sobre la relación que tenemos las mujeres con el propio cuerpo.
Cuerpo como manifestación de lo interno, de los sentimientos, las emociones, de lo sexual y espiritual. El cuerpo tiene un lenguaje no verbal y es la vía de expresión emocional más poderosa que podamos conocer los seres humanos. Cuando una mujer está bloqueada o aterrada emocional, espiritual y sexualmente, se emana a través del cuerpo, de los movimientos con las manos, la vestimenta, el tono de voz, la mirada, la forma de sonreír y moverse en el mundo. Es imposible evadir el lenguaje del cuerpo y sus mensajes…En ese sentido, venir a Colombia y estar en contacto con las colombianas hace a una querer verse más atractiva, valorar el propio cuerpo y llevarlo a bailar para darle el masaje que merece ante tanta diferencia que hacemos entre el y la mente…(la mente se merece un capítulo aparte por lo compleja que es, por no decir, hinchapelotas) .
Eje cafetero colombiano.
Calles de Marsella, pueblo de la ruta del café.
Contaba que Colombia es café, música, color y magia. Es respirar aire caribeño, caluroso y denso por momentos. Es sentir una brisa agradable cuando cae el sol y dormirse con el ruido de las olas romper en Palomino. Colombia es el país más verde que conocimos hasta el momento, de un verde que hipnotiza y enamora. También es la amabilidad de su gente que por momentos roza lo "metiche"(como nos contaba Jenny, nuestra primer amiga colombiana), quizás como manera de expresar los primeros signos de apertura dentro de un país que estuvo preso en su propia tierra.
Nadie nos había contado sobre la realidad social que vive la mayoría de los colombianos. No hace falta irse demasiado lejos de Pasto, Cali, Medellín, Cartagena de Indias, Palomino, el eje cafetero o cualquier zona en este país para darse cuenta de las tantísimas carencias que azotan al pueblo colombiano. Pequeños pies desnudos que aguardan en las rutas por alguna moneda pasajera, gente que mendiga buscando un pedazo de cielo, borrachos que susurran frases de amores imposibles, ancianos que deberían estar reposando sus sueños de juventud piden monedas para el pan, indígenas olvidados…Esta también es la realidad de Colombia. No es difícil verla, se palpa a la vuelta de la esquina, en contraste a las ciudades más hermosas que existen acá…Cartagena de Indias es única, nadie lo va a negar…pero Cartagena es bella en la medida de sus muros de piedra antigua e historias de piratas. Atravesando el muro se ve la otra cara de la ciudad, olvidada y marginada…Colombia es todo lo bello y luminoso como también lo oscuro y condenado.
En sus rutas, la mayoría de mal estado (vale decirlo para quienes la transiten en auto, moto o combi), además de pagar peajes excesivamente caros, se puede ver al Ejercito Nacional de Colombia, luciendo uniformes de guerra, ametralladoras y hasta tanques militares. Ellos mismos son los que guían y aconsejan sobre que ruta o dirección tomar. Muchos de ellos, la mayoría, adolescentes con aparatos fijos y celulares con ring tones a la última moda, son los encargados de velar por la seguridad de este pueblo que durante años y años estuvo secuestrado en su propio país.
Niños de la Isla Sta. Cruz, "la isla más poblada del mundo"
Nos contaba un colombiano orgulloso de su pueblo, Marsella (allí por el eje cafetero), que recién en los últimos años han comenzado a salir de vacaciones en su propio país. Durante mucho, muchísimo tiempo, el y su familia, como la mayoría de las familias colombianas, fueron presos de sus propias ciudades y si osaban salir a las rutas, probablemente serían “pescados” por las fuerzas del narcotráfico.
El conflicto se redujo como consecuencia a las medidas de fuerza que el ex Presidente de la Republica, Álvaro Uribe, tomó para hacer frente a los rebeldes. Con su slogan “Mano firme y corazón grande”, logró que la guerrilla retrocediera hacia junglas remotas. Sin embargo el problema no es tan lineal como resulta a simple vista. No se trata de una lucha de “buenos” contra “malos” como suele mostrarse en los medios. En esta enredadera de ambiciones, poder y narcotráfico nadie puede dudar hoy que las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) NO se mueven por cuestiones ideológicas. Todos saben que lo que los mueve e impulsa es el negocio de las drogas. Pero no son los únicos que juegan sucio en este juego codicioso. En el año 2008 se descubrió que el Ejercito Nacional asesinaba civiles, los vestía con el uniforme de los rebeldes y después declaraba haberlos asesinado durante el combate. Y por último, a esta guerra sucia y de nunca acabar, se suma otro grupo que buscó participar para no quedar afuera, los “paramilitares” o “paracos” (como le dicen acá), grupos o escuadrones de la muerte, conformado por gente de dinero que busca hacer justicia por su lado y a su manera. Estos últimos fueron responsables de muchísimas masacres.
¿Quienes son las verdaderas víctimas en todo este kilombo? Los miles de campesinos que quedan atrapados entre las FARC, el Ejecito Nacional y los Paramilitares.
Nos respondía un niño de 8 años al preguntarle que le gustaría ser cuando sea grande “Quiero ser soldado, para matar a todos los guerrilleros y paracos. Porque ellos matan a la gente, roban sus gallinas y sus casas…quiero ser soldado”.
Rincón del Mar, San Onofre.
(Imagen extraída de internet. Ejercito Nacional de Colombia)
Bienvenidos a Colombia, tierra de gente bellísima, amable, charlatana y soñadora.
Tierra de olvidados y excluídos, la tierra de Don Simón Bolívar. En nuestro recorrido hay de todo. Rincones secretos para compartir, visitas de familia y amigos, pueblos mágicos, niños sabios y bailarines, carnavales, historias de vida, acercamientos a pueblos indígenas que nos enseñan y dejan huella...y mucho, mucho más!
Todo esto a partir de la próxima…
¡Viva Colombia!





