...de Ushuaia a Alaska, allá vamos, porque a pesar de las diferencias, todos somos iguales.

sábado, 26 de marzo de 2011

Superman un poroto.

La primera persona que me contó sobre ellos fue mi papá. Él, cuando éramos chicos, a mis hermanos y a mí, solía contarnos cuentos sobre personajes increíbles. “Doble Faz”, un malvado con dos caras, “Todo Gordo”, un fanático de las tortas y dueño de una casa de repostería. Innumerable cantidad de héroes y anti-héroes, productos de su imaginación. Imposible no creer en todos ellos y desear que llegara la noche para ponerle cara e historia a esas maravillosas creaciones. Siempre supe que mi padre era un “Gran Pez”, no por su buen desempeño laboral, sino por su lindísima capacidad de imaginar y estimular en sus hijos el desarrollo creativo y el sentimiento de que todo es realmente posible en el mundo de las ideas…todo, absolutamente, todo.

Ahí lo vemos llegar a el. Estamos en Río Gallegos, frenada obligada antes de llegar a Ushuaia. A la Westy hay que ajustarle la bomba hidráulica porque pierde líquido (a estos términos los aprendí hace poco, mujeres, no entiendo nada de mecánica la verdad). Cuestión, “hay que ajustarle la bomba hidráulica”. La pobre combi está cansada y sucia luego de 14 días de ripio, polvo y viento.

“Llamen a Diego Riestra, el los puede ayudar, es amigo de Tito”, nos había dicho papá, ante la posible situación de necesitar ayuda mecánica de confianza.

Es domingo en la ciudad que ha inaugurado calle con nuevo nombre, Nestor Kirchner. Con Joaquín decidimos llamar a Diego para intentar vernos al día siguiente. Sin embargo, y aquí es cuando recordé los cuentos de mi padre sobre héroes y anti héroes, Diego nos sorprende con su amabilidad. “En unos minutos estoy ahí, donde ustedes estén y vamos a mi predio”. Pasados apenas 7 minutos, aparece en escena “El”. Superman, Batman y Papa Noel, porotos al lado de…Diego Riestra. Su “predio” es un centro de logística, conocido en Río Gallegos. Para qué…el lugar está repleto de camiones y autos. La Westy se puso algo nerviosa ante la presencia de tales mounstros mecánicos. Para colmo, el predio queda atrás de la terminal de ómnibus, por lo que el acoso fue inevitable.

Super Diego nos ofrece pasar la noche en sus nuevas oficinas, todavía en construcción, pero modernas, calefaccionadas y con baños. Sus propuestas para ayudarnos iban siendo cada vez más, a tal punto que con Joaquín nos sentíamos mal por no poder devolverle tanta generosidad.”Ustedes no se van de acá sin tener la camioneta en perfecto estado. También la pueden lavar, allá tengo mangueras y cepillos. También les voy a dar un perfumante”.

Esa misma noche nos instalamos un rato en las oficinas y decidimos salirnos del presupuesto regular, pidiendo una pizza “a domicilio”. La grande de fugazzeta y palmitos, sumado al calor del lugar, nos hizo sentir como las parejas recién mudadas, comiendo en el piso de una sala deshabitada y vacía, pero sintiéndonos muy felices.

Al día siguiente, Mario, mano derecha de Diego, estaba listo para echarle un vistazo a la Westy. Le llevó más de una hora solucionar el problemita pero lo resolvió diez puntos.

Camiones esperando a que Joaquín y yo nos distrajéramos para intentar levantarse a la Westy.


Joaquín y Mario, el autor material del arreglo.

Joaquín bañando a la Westy.

Clark Kent alias Superman, Bruno Díaz alias Batman, Nicolás alias Papa Noel y demás hombres que parecen, a simple vista, ordinarios, son solo algunos ejemplos de lo que bien podría ser Diego Riestra, para nosotros, “Super Transport”. Nos invitó a almorzar, junto a su pequeño hijo, Cristobal, tan fierrero como él. Ante mi pregunta sobre como se había vivido la muerte de Nestor Kirchner en la provincia, la respuesta de Diego fue tan amplia como las vueltas que dimos, conociendo las casas en las que vivían y habían vivido Cristina, Néstor y sus hijos. Realmente nos sorprendió el perfil bajo y poco ostentoso de las mismas. “Néstor fue un capo. Se la pasaba laburando, sin parar, día y noche” comentaba Diego. “No se le pueden dejar de reconocer increíbles cosas que hizo por la provincia y por el país”. Opinión que comparto, especialmente al observar la prosperidad que tienen gran parte de las ciudades patagónicas desde los gobiernos de Cristina y Néstor.

Luego del recorrido “político” junto a Super Transport, regresamos al predio, donde Diego nos regaló biromes, lápices, agendas y demás merchandising de su empresa. Como frutilla del postre, una camioneta con cartel de “Prensa” apareció de repente y en pocos segundos nos encontrábamos con Joaquín posando para un diario local…

La primera vez que escuché hablar de ellos fue a través de mi padre…siempre supe que los héroes existían, solo hay que estar atentos porque andan vestidos de civil…


Junto a Super Transport, de día, Diego Riestra. Detrás nuestro, su nueva base de operaciones.

Monte León, con guanacos, pingüinos, choiques y más alimañas

Salimos de Puerto Deseado con destino a otro puerto que prometía un poco menos pero fuimos dispuestos a la sorpresa. Este se llama San Julián y según la única referencia que teníamos era un pueblo tranquilo y sin muchas gracias. Antes de entrar hicimos un pit stop en nuestra pseudo casa que es YPF, para nosotros los viajeros neófitos, los secretos de estas estaciones fueron muchos, el principal, que tienen cuartos de baño con duchas y todo. Como se imaginarán, bañarnos no es moneda corriente para nosotros, aprovechamos, hicimos lo propio y seguimos hacia el pueblo. Esta villa costera , como pasa siempre en este viaje, nos sorprendió, tiene una prolijidad ejemplar, todas las calles bien limpias e iluminadas, las casas pintadas, una avenida anchísima que desde la ruta hasta la costa nos hacía dejar halagos por ahí. Probamos de dormir al lado de un barco de la época de la conquista, pero por raro decidimos probar otro lugar. En el derrotero de calles que dejábamos atrás, pasamos por un hotel lujoso y le pregunté a Clari: “Fijate si te gusta el hotel Dos Bahías para dormir”, claro, sólo en el contexto puede tener sentido la frase, lo que yo le preguntaba era si le gustaba el estacionamiento de dicho hotel. Ante la respuesta negativa, nos vimos forzados a repetir fórmula nuevamente, fuimos a los bomberos voluntarios julianenses (O como sea el gerundio) y nos dejaron dormir en la vereda. Tanta era la diferencia con nuestra experiencia anterior que nos llamó la atención. La explicación la tuvimos al otro día: Santa Cruz es la única provincia que paga a sus bomberos, por eso no eran tan voluntariosos.


La carabela en que Magallanes llegó para tratar de exterminar a los Tehuelches de Buenos Aires.

Controlando presión de gomas.

El hambre también viaja con nosotros a veces, eso si, cuando llega la hora lo disfrutamos.

El parque Nacional Monte León nos esperaba unos kilómetros más al Sur, yo había visto muchas fotos y era un lugar que esperaba con mucha ansiedad, no hicimos más que atravesar la tranquera que ya estábamos felices de estar ahí, guanacos que salían por todos lados, choiques (Ñandues pero más pequeños) atrás de cada arbusto, y yo con mi ganas de ser protagonista de un documental de National Geographic, solo quería bajar a sacarles fotos.




Vimos desde lejos el monte con forma de León que le da nombre al lugar, vimos más lobos marinos, muchos más pingüinos y acampamos de nuevo en un lugar fuera de serie, con el mar y las playas eternas, atardecer como para un cuadro (Si, siempre hay de estos atardeceres por acá) y nos cocinamos papas y batatas fritas con huevo frito, no podíamos pedirle más a la vida.


Con mucho esfuerzo y un poco más de zoom, probablemente puedan imaginar la forma de León que en vivo se ve perfecta.

La Isla de los pájaros, según el guarda fauna, una colonia de Cormoranes muy grande que casi se extingue porque los primeros pobladores les robaban el guano (Excremento), para Clari era la reunión anual de aves que esperaba la llegada del gran líder.

Cocinando las papas y batatas fritas, la cara de felicidad la delata.


La playa eterna y el sol tomándose el palo.

Más atardeceres, perdonen la insistencia, es que no podemos creerlo.

Esta por lo menos tiene un charco.


Al día siguiente caminamos como si no hubiera un mañana, ansiosos por conocer más este lugar distinto a todo lo sabido por el hombre, teníamos que aprovechar la bajamar para andar lo más que pudiéramos por el fondo marino que descubría el océano por unas pocas horas solamente. Advertidos por la gente del lugar de que no nos confiáramos porque el agua podía volver sin aviso y quedarnos atrapados sin posibilidad de volver. El mar acentuaba la advertencia solo con su presencia, por eso tuvimos que andar rápido para rodear una isla caminando, cosa rara, para meternos al mar profundo pero caminando, o para hacer una amistad con un pingüino perdido que quería que el mar volviera y mientras tanto no sabía qué hacer.


Clari echando lazos con el pingüino.


Mientras el mar nos presionaba para que nos fuéramos descubrimos un anfiteatro griego que utilizan las aves para su encuentro anual.




Al final el mar volvió y pudo regresar, lloramos como cuando Willy vuelve al mar, o cuando Chatrán se va a tener familia.

De él se trataba la historia.



Como en todos lados, la gente también deja su huella, en este caso conocimos a Carlos, un viajante acérrimo que nos marcó los mejores caminos para seguir, y a Lisu y Juan Carlos, la pareja que vive en el lugar. Estos últimos, muy cariñosamente nos regalaron unas exquisitas galletitas de avena y con ellas la receta que parecía ser un secreto bien guardado. Agradecidos a todos ellos, seguimos viaje hacia destinos más australes.














jueves, 24 de marzo de 2011

Prensa

Aunque nos dé un poco de vergüenza, la fama nos acecha...
Muy locamente, mientras le arreglaban la bomba hidráulica a la Westy, apareció una camioneta de "Prensa" y nos sacó una foto. Toda la información de la nota se ve que la sacaron del blog porque no tuvimos tiempo de hablar con el periodista.
En el próximo capítulo les explicamos mejor como es que llegó a pasar todo este asuntito de la fama...

http://www.laopinionaustral.com.ar/diario.asp?Modo=Noticia&NId=30520&A=2011&M=3&D=

domingo, 20 de marzo de 2011

Ríos que son rías

Las fórmulas exitosas, de esas que garantizan satisfacción, no son muy comunes en los viajes, lo comprobamos. Saliendo de Rada Tilly, después de pasar la noche en el cuartel de bomberos encontramos en la rotonda que salía hacia la ruta una pareja mochileros, no estoy seguro de que estuvieran haciendo dedo, pero como veníamos de una linda experiencia con gente extranjera bastó que nos miráramos con Clari para decidir en un santiamén dar un pisotón al freno y hacer cincuenta metros marcha atrás para ofrecerles un aventón. Como dije, era una pareja, él de Rusia y ella ucraniana, estaban terminando un viaje de un año alrededor del mundo, con un proyecto cultural que era interesante. Era obvio, no iba a pasar lo mismo que con los anteriores, hablamos un poco, lo que nos permitía la barrera idiomática y los gritos del viento patagónico que azotaban a la Westy. Así fue, como sin pena ni gloria dejamos a Marcel y Olga en el cruce de la ruta 3 y el camino que nos llevaba a Puerto Deseado, nuestro siguiente destino.

Esta cuidad, tiene como atractivo más grande una ría, esto es algo muy parecido a un río, que además de la última letra, se diferencian en que la primera tiene agua de mar en vez de agua dulce. Es un acontecimiento muy raro, de hecho creo que en la Argentina hay solo dos (Perdón por la falta de rigor periodístico) y se forma cuando un río común y silvestre se seca y en su cause vació se mete el mar, esto pasa acá gracias a que a eso, se le suma la gran amplitud de mareas que hay en la costa patagónica del Mar Argentino, hay lugares en que varía 14 metros la altura del mar y 2 veces al día.

No los aburro más, ya instruidos puedo contarles que los 40 km de ría son increíbles, tiene cañadones, playitas, islas con pingüinos, otras con lobos marinos y toninas overas por todos lados, son delfines pero con colores de orca, increíbles, pero nos quedamos con ganas de verlas lamentablemente. Esta vez ni apuntamos a dormir en campings, nuestra experiencia nos dice que son caros y mucho más feos que los lugares que se pueden encontrar libres de cercos. Pasamos de largo el pueblo, y fuimos directo a la ría, encontramos una bahía linda, en frente a una isla de pingüinos, nos felicitamos por la decisión, comimos y a dormir. El día siguiente fue una buena prueba, amaneció lloviendo, frío y con mucho viento, decidimos quedarnos todo el día ahí y la Westy volvió a probarnos que es cómoda y gauchita, estuvimos casi todo el día adentro, cartas, lectura y comida, un buen día de descanso y dormimos sin pasar nada de frío.


Nuestro campamento el primer día en la ría Deseado.

Con el sol de nuevo arriba, fuimos tras las andanzas de Darwin, que según la folletería que nos hacía más pesada la camioneta, aseguraba que eran muchas. No se si por falta de indagación o de ganas, no encontramos nada y nos entregamos a los placeres del guiso. Para que se entienda, nunca habíamos comido afuera desde comenzado el viaje y decidimos darnos el gusto. Paramos en “Lo de Armando”, un cálido restorán que además tenía entre sus bondades Wi-fi. El menú del día era guiso de lentejas, le preguntamos a el mismísimo Armando si la porción era como para compartir, ya que además de no tener mucho hambre, contábamos con menos presupuesto. Generoso gastronómico, prácticamente nos regaló la comida y también una breve lección turística de la Patagonia que bien conoce.

Joaquín, Armando y Clari en "Lo de Armando" después del guiso.

Para dormir la última noche en la ría Deseado, buscamos otra playita y encontramos una mejor, la tarde vino mientras jugábamos al truco y tuvimos que suspenderlo. Sabemos que los cielos patagónicos son de regalar atardecer sobresalientes, pero este nos dejó boquiabiertos, además de nubes prendiéndose fuego por todos lados, pareciera que todos los animales se pusieron de acuerdo para vocalizar, los lobos marinos, cormoranes, y pingüinos en concierto, como agradeciendo el día y ese atardecer. Este comportamiento fue muy similar al que una vez vivimos en el exclusivo balneario de Punta del Este, precisamente en la playa de Solanas, donde la gente aplaudía cuando el sol se terminaba de poner en el horizonte. ¡Qué parecidos son estos veraneantes a los pingüinos de Magallanes!

Intentando alguna canción.

Son gaviotas, no tan interesantes como los pingüinos pero hicieron una buena foto.

A juzgar por la cara del pescador, no fue un buen comienzo, ojalá sea la mala suerte de principiante.

Reflexivo. ¿Será la desdichada actualidad de River la que lo turba?



Incendio en el cielo.




Saliendo de Puerto Deseado nos desviamos para conocer la gruta de la Virgen de Lourdes.


video

Es mi turno

Tras catorce días de viaje e innumerable cantidad de halagos y buenos augurios, decidí hacer finalmente mi presentación formal ante todos ustedes, queridos lectores. Disculpen si antes no lo había hecho, pero he tenido mis motivos. Consideré pertinente esperar esta justa cantidad de días para que comprobaran que las virtudes que se me han adjudicado meses atrás no han sido en vano. Pido disculpas también por mi tono formal al escribirles, quizás sea cuestión de ir entrando en confianza hasta que pueda tutearlos. Aunque tenga solo 22 años, creo tener experiencia y caminos recorridos como para compartirlos con ustedes. Nací, como mi edad indica, en 1989, soy hija de padres que la han sabido luchar y me han inculcado ese valor. Ellos se conocieron durante el auge del movimiento hippie en Estados Unidos. Papá, ya retirado, ha trabajado durante más de 40 años como transporte escolar. Mi madre, aún trabajadora, lleva pollos y huevos a la granja de Don Esteban. Ya desde niña he mostrado interés por cuestiones sociales y podría, orgullosamente aceptar, que simpatizo con los movimientos de izquierda. Los que me conocen podrán notar que no tengo aire acondicionado, tampoco vidrios polarizados o airbag. Mis mejores amigos son el Citroen 3 CV y el Falcón (ciertos conocidos míos se han vendido durante la dictadura a los militares a cambio de arreglos mecánicos, pero son los menos). ¡Qué recuerdos que tengo de la adolescencia junto al Citro y al Falco López!. Mientras las motocicletas seducían a los Audis y BMW para obtener de ellos algún beneficio, nosotros, los que estábamos por fuera del sistema, nos reuníamos para debatir sobre situaciones de desigualdad social, por ejemplo, lo difícil que era para los más viejos, conseguir repuestos (esto no ha cambiado aún).

Mi madre me ha dicho, desde que soy niña, que con lo bellas que somos las combis tendríamos que cuidarnos de los camiones y colectivos, ya que ellos siempre andan al acecho de vehículos como nosotras. Bueno, debo admitir que ella no se ha equivocado, las madres saben. A lo largo de estos 14 días de trayecto he recibido unas cuantas guiñadas de luces por parte de ellos, además de bocinas y algún que otro piropo como “¡Qué tren delantero que tenés bombón!” o “¡Como me gustaría ser gomería para tocar esas gomas!”, con lo cual suelo avergonzarme y prender las valizas en señal de disconformidad.

A nadie le agrada demasiado hablar sobre las virtudes de uno, pero tengo a mis conductores al lado, insistiéndome para que lo haga. Podría decir, humildemente, que soy una tipa enérgica, tengo dos baterías; me apasiona la música, por eso lo más tecnológico que llevo conmigo es un buen equipo de audio para disfrutar siempre de ella, vaya donde vaya. Nunca me sentí del todo cómoda andando a más de 100 kms por hora, por eso mi andar es sereno, voy a 80kms. Eso permite a mis dueños ir charlando y tomar mate tranquilos. Cuando observo a los fanfarrones de siempre pisar el acelerador a más de 140 kms confirmo una vez más, el porqué de mi amistad con el Citro y Falcón, ellos comparten valores parecidos a los míos.

Bueno, bueno, está bien, lo voy a decir. Aquí estoy con Clara, una de mis conductoras, me empuja para que les diga lo contenta que me siento por estar conociendo América, a decir verdad, solo conocía Brasil. Me daba timidez contarlo. ¿Cómo es posible que una combi de 22 años solo conozca el país de las bananas y el buen baile?. Pero ahora, con Joaquín y Clara pude tener esta increíble oportunidad para mostrarles que por más vieja que parezca o tengan que frenar cada dos estaciones a cargarme líquido hidráulico, soy una tipa leal y corajuda. La vida me dio calle y por eso el asfalto es moneda corriente para mí, aunque de lo que más disfruto es del ripio y las subidas, ya que ahí puedo desplegar toda mi potencia…Rrrrrrrrrr. Finalmente…¿qué decir de ellos? El barbudo me limpia y ordena como nadie lo ha hecho jamás. Hasta lo escuché decir que compraría Blem o Cif para limpiarme, ¡eso sí que es tener buena suerte! Y la chica me habla bastante, a veces me gustaría un poco más de silencio, me agrada reflexionar mientras ando. Pero no me puedo quejar, son buena gente, si hasta me han decorado en una gráfica, dejándome realmente bonita con los mapas de América. Yo estaba acostumbrada a mis amigas combis vestir diseños de LaveRap a domicilio, El Noble Repulgue o tintorerías... Disculpen la distracción, nunca les dije mi nombre. Me llamo Kombi Westfalia, pero pueden llamarme Westy.

Clara demostrándome su cariño, Joaquín es más frío pero lo demuestra cuidándome.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Una de bomberos

Los kilómetros siguientes a la despedida de los viajantes europeos fueron una nueva adaptación, cómo los matrimonios maduros que se quedan con el nido vacío, éramos dos otra vez, si, lo mismo pero en muestra gratis y sin ser todavía unos casados añejos. Creerán que exagero pero si hay algo que ya podemos ver en este viaje es que, como en la vida, los cambios son constantes, y si hay cualidades que ayuden en el caso, una es la capacidad de adaptación, que gracias a Alá, los dos estamos viendo que tenemos. Realmente estuvo bueno compartir tres días con otra gente, tan cerca que uno se sentía con el deber de avisar hasta para ir al baño, o al acantilado en mi caso. Por eso digo que separarnos fue como ver la emancipación de tres sub-hijos.

Ya en ruta, sin cruzar más palabras que las necesarias por unas largas horas, fuimos encontrándonos, y con la Westy rumbeando para Comodoro Rivadavia tuvimos otra de las tantas charlas con Clari, de esas que disfrutamos mucho y estamos teniendo muy seguido. Los largos tiempos de ocio rinden sus frutos. Una vez llegados a la cuidad del petróleo, que no merece más descripciones que esa, hicimos unas rápidas compras y estuvimos puntuales a las 19 hs. en un bar para ver a River, y Clari de paso se conectaba con el mundo gracias al wi-fi. Salimos después de la injusta derrota y no teníamos plan alguno, era la primera vez que nos “agarraba” la noche sin lugar donde dormir y ni si quiera habíamos comido. Fuimos hacia el Sur con la ilusión de encontrar algún camping y lo encontramos en Rada Tilly, el barrio agraciado y pudiente de la zona. El problema es que no tenía un solo punto a favor, no tenía luces, no tenía gente, no tenía entrada ni baños a la vista. Para dormir ahí, pensamos, durmamos en la calle. Después de dar varias vueltas por el vecindario y comprar una micro-tarta de zapallitos para los dos, que encima traía brócoli, arvejas, choclo y olía a pescado (A Clari le gustó) empezamos a dudar de nuestra posibilidad de pasar una buena noche. Mi humor había empeorado considerablemente después del partido de River y la tarta de mil verduras, pero por suerte o por memoriosos, no sé, nos acordamos de un consejo que nos dieron hace tiempo: “Siempre que necesiten pídanle una mano a los bomberos que son muy serviciales”. En buena hora las esperanzas se renovaron, giramos en falso unos cuantos minutos más buscando el cuartel que ningún transeúnte sabía ubicar, pero finalmente dimos con el. Le pedimos permiso a los dos voluntarios que hacían guardia para dormir en la puerta y no sólo nos lo dieron, sino que también se ofrecieron para cualquier otra cosa que necesitáramos. Sólo les usamos el baño a la noche y dormimos tranquilos sabiendo que estábamos custodiados por gentes tan amables.



Dormimos mucho y cuando nos despertamos nos prestamos a la charla con el que nos había atendido la noche anterior. Muy amablemente, nos ofreció mate, café, una ducha y si queríamos que nos diéramos un baño de inmersión, con Clari no podíamos salir de nuestro asombro por tanta hospitalidad pero nos bastó imaginarnos en una bañadera con espuma en el cuartel para desistir de la cordial propuesta.

Comprobábamos igualmente que estos hombres son casi héroes, además de apagar incendios, rescatar accidentados y bajar gatos de los árboles, son más buenos que la avena quaker. Entre mate y mate, como quién no quiere la cosa, Nicolás, así se llamaba el bombero, nos contó el origen de su vocación. Parece que de chiquito le gustaba mucho el fuego, tanto que se hizo pirómano. La llama que rebalsó el vaso la prendió cuando tenía doce años, harto de que la vieja de enfrente de la plaza los regañara cuando jugaban a la pelota, esperó que se fuera con su carrito de compras y le puso algún que otro algodón con querosén ardiendo alrededor de la casa. Atenta la madre, en vez de castigarlo lo mandó a la escuela de bomberos. Gracias a la sabia decisión de ella, hoy Nicolás está de este lado y no quiere saber nada con fuego, tanto que se dedica a extinguirlos.


El voluntario Nicolás y Joaquín.



Cuando el lenguaje traspasa barreras


A los pocos días de comenzado el viaje, en un pueblo llamado Gaiman, famoso por sus pasteles de crema, torta negra y tés (Lady Di tomó el té ahí), conocimos a tres personas muy especiales, quienes serían para nosotros, compañeros de ruta a lo largo de casi tres días. Roman, un joven suizo de 19 años, buscador, culto y de gran corazón; Emily y Nico, una pareja de franceses. Ella, enfermera y él amante del buceo, procedentes de New Caledonia, una isla en el Pacífico. Los cinco viajamos en la Westy desde Gaiman hasta Cabo Dos Bahías cerca del pueblo de Camarones (lugar donde paso parte de su infancia J. Domingo Perón). Allí tuvimos contacto con pingüinos de la zona. Según Joaquín, estos animales son más lindos en la televisión que en vivo y en directo. Parecen calmos y dóciles pero había uno de ellos, especie de pingüino piquetero, que se le enfrentó a Joaquín en un puente. Bastante valiente el pingüino. Para mí, eran una manada de novios con jaqué a punto de casarse que no parecían muy alegres con la decisión porque corrían de un lado al otro, cual pretendientes arrepentidos, en busca de libertad.


Hay que ser valiente para acercarse mucho a estos pequeños seres.



Si hay alguna agrupación piquetera entre estas aves, este vendría a ser Castells, bravo bravo era.

Fue realmente lindo conocer a Roman, Emily y Nico. Francia, Suiza y Argentina, intentando comunicar y expresar ideas, sentimientos y pensamientos. A veces, misteriosamente, las personas, a pesar de no entender todo sobre lenguas extranjeras, logramos comprendernos a través de la mirada. Durante tres días conocimos de manera profunda las vidas de estos tres amigos del camino, sus países, deseos y sueños. Emily trabaja como enfermera de pacientes terminales, ancianos y jóvenes que están por morir. Su manera de ser reflejaba simpleza, dulzura y una gran calidad humana. Nico es observador, calmo y generoso. Roman, un chico con una fortaleza y búsqueda interior, pocas veces vista en jóvenes de su edad. El piensa que el camino tiene que tener corazón y búsqueda y lo que más importa en el ser humano son los valores y la solidaridad entre unos y otros. Con tan solo 17 años había viajado durante dos meses por Ecuador, enseñando inglés en escuelas rurales y actualmente anhela conseguir un trabajo como peón en nuestro país para empaparse de la cultura sureña. Durante los tres días que pasamos juntos, compartimos comida, anécdotas y charlas que traspasaban el lenguaje y país de cada uno, incluso hubo tiempo para competencias internacionales. A falta de la play station los chicos se entretuvieron jugando a embocar piedritas en una botella.


Roman, Emilie y Nico, posando en nuestra casa.

Un lugareño con problemas mecánicos acudió a la ayuda internacional.


Pareciera que solo queremos acampar en lugares de postal.


Mates y debates sobre la existencia de Dios.

Con este atardecer difícil no hacerse esos planteos ¿No?

¿No?

La fauna que vemos a diario, en este caso zorro y guanaco.


Westy in the sky with diamonds.


Clari en un momento de lectura. (Leyendo el libro que le regalaste vos Cuqui)

Competencia internacional. Resultado final: Francia 10, Argentina 8 y Suiza 3.

Y llegó el momento de la despedida. Roman, Emily y Nico se dirigen hacia el norte y nosotros hacia el sur. Ellos intentarían hacer dedo para llegar a Puerto Madryn. Decirles adiós no fue tan fácil como creíamos. Nos dimos cuenta que a lo largo del viaje conoceríamos a muchos amigos a los que tendríamos que despedir y quizás nunca más volver a ver. Lo que permanece es el sentimiento de compartir y abrazar a personas quienes, de un día para el otro, entran en el corazón y recuerdo de uno…