...de Ushuaia a Alaska, allá vamos, porque a pesar de las diferencias, todos somos iguales.

martes, 12 de abril de 2011

Video rescatado del olvido

Este video no había sido publicado, luego de arduas negociaciones y el pago de un altísimo cachet la protagonista lo autorizó..


Segunda parte..

miércoles, 6 de abril de 2011

Un libro diferente

Para leer este capítulo, es conveniente dejar a un lado los libros de auto ayuda o aquellos que tengan títulos sobre…”Como ser exitoso”, “Como hacerse millonario” o “Como ser un buen padre”, que tan a la moda están y hasta logran sacarle sus manguitos a gente desesperada por lograr lo que sus títulos proponen.

Digo que es mejor deshacerse de ellos para leer esta historia, que para Joaquín y para mí fue la más linda y movilizante desde que salimos de Buenos Aires, porque la misma tiene todos los ingrendientes contrarios a lo que proponen los comerciales “Best Sellers”. Lugar de los hechos: Ushuaia. Testigos presenciales de la más increíble familia: Pitu, Matuca, Valeria, Joaquín y yo. Consecuencias del encuentro: Largas charlas con Joaquín y nuestros amigos del valle sobre Juan y Sandra; alguna lágrima y…¡muchas preguntas!.

“¡Somos 10 para comer! Buenísimo, mejor que ser 5!”, le dijo Juan Pablo a Pitu al enterarse que iríamos algunos más de los planeados esa noche a su casa.

Así fue como conocimos a Sandra, Juan y sus hijos, quienes, sin saberlo y con la humildad que los caracteriza, nos dieron una lindísima muestra sobre como ser familia y pareja. Juan Pablo amasó unos riquísimos sorrentinos, con un relleno casero y una salsa tan deliciosa como la pasta. A la mesa, vino, moscato y panes de agua. La casa es simple, cálida y para nada pretenciosa. Llenos de luz y alegría, Lehuel (nombre de origen mapuche “el único”), Auca (“revelde”) y Elunei (“regalo de la vida”) escuchan y miran con ojos amorosos a sus padres, quienes les devuelven con gestos todo el amor que sienten por ellos. Es que para estos padres sus hijos son realmente lo más importante del mundo. Todo, absolutamente todo, es por y para ellos. Padres despojados de narcisismo, egoísmo y materialismo. Familia que bordea el sistema pero no se deja convencer por sus mecanismos de seducción. Padre que trabaja a sol y sombra pero eligiendo hacerlo dentro del terreno que tienen en su casa, para poder disfrutar de sus hijos. Sandra, una guerrera de corazón. Sus hijos, desde ya niños, están acostumbrados a hablar, hacerse oír y tener un espacio esencial dentro del hogar. Juan y Sandra no ocultan a sus hijos absolutamente nada. Todos los temas se hablan abiertamente, frente a ellos. No existen temas tabú o inapropiados, siempre que se encaren con respeto. Padres que han sabido crear un lenguaje propio, sin imitar o seguir los dados. Locos para algunos, ejemplo para otros. Mientras Juan Pablo habla con Joaquín, Elunei, su hija de 7 años, está totalmente entregada a los brazos cariñosos de su padre, quien la abraza mientras duerme. Hace mucho que no veía a un niño de 7 años dormirse en los brazos de sus padres, ya que estos pequeños, en “nuestra manera de ser sociedad”, han pasado a ser prácticamente adultos.

Juan Pablo y Sandra han elegido, vivir con menos para tener más. En tiempos donde el orden económico ha llegado a dominar la vida de los seres humanos, ellos han sabido desafiar a la corriente y construir un verdadero hogar, donde valores como el trabajo, respeto, comunicación y dialogo no faltan. “Para mi lo más importante es tener un vinculo verdadero con mis hijos”, dice Juan Pablo emocionado.

“Si algo nos pasara a mi o a Sandra, ¿qué les dejaríamos a nuestros hijos? ¿Prohibiciones? No, nosotros queremos darles herramientas” acotaba Juan Pablo. Ellos tienen claro que a través del amor que les brindan a sus hijos, los límites se van demarcando solos, naturalmente. Así es como estos no tienen necesidad de transgredir o utilizar la violencia como manera de expresión. Saben que tienen el espacio dentro del hogar para ser como realmente deseen ser porque sus padres los quieren y respetan.

Como mujer, me he pasado la noche mirando a Sandra. Pensé sobre como se desvaloriza y bastardea a aquellas mujeres que viven su maternidad de manera profunda y conectada a sus hijos, en contraposición a una cultura que busca el éxito y el desarrollo profesional de la mujer y aplaude a aquellas que logran separarse tempranamente de sus hijos para volver al trabajo (no por necesidad). Guarderías, abuelas o niñeras que cuidan de niños, cuyos padres se encuentran muy ocupados, trabajando, para “darles lo mejor” (realmente me pregunto ¿qué es lo mejor para un niño?). Recuerdo la frase que nos dijo hace poco el hijo de un periodista: “Los niños, al ser chicos, solo necesitan el amor de sus padres, comida y abrigo. Todas las demás cosas son necesidades del sistema”.

Anónimos para una sociedad que estimula lo individual, la satisfacción inmediata y el culto al éxito, Juan y Sandra han sabido escribir su propio y singular libro de vida, guiándose por tres de los mejores recursos: la humildad, el dialogo abierto y el amor.

El principio del mundo

Desde chico que tenía ganas de experimentar la sensación de mirar desde la Bahía de Ushuaia y ver para donde no hay nada más. Esta cuidad tenía doble significado para mi, además de ser el punto de partida del raid hasta Alaska para los dos, para mi personalmente era mirar el lugar donde empieza el mundo, era la búsqueda de una sensación que no puedo explicar porque justamente es nueva y no se parece a ninguna otra.

La cosa es que tuve la suerte de sentir ese “no se qué” cruzando el canal de Magallanes para entrar a la Isla de Tierra del Fuego, porque cuando llegamos a Ushuaia tuve la decepción de encontrar a Chile tan cerca que si hubiera querido mirar hacia donde nada hay, no hubiera podido porque a escasos kilómetros se interponía una enorme cordillera que no tenía en mis planes a la hora de imaginarme el principio del mundo.

La Westy entrando al ferry del canal de Magallanes después de un rally por el barro.


La dejamos sola un ratito nomás, mientras comíamos panchos y mirábamos toninas en la cubierta.




Dormimos en la gendarmería de la frontera, acá estamos desayunando.


Al margen de la Ushuaia de mi imaginación, encontramos una con muchas sorpresas y la primera fue llegar al lugar donde vivían Matuca y Pitu (El Rasta) Isla Casares, nuestros anfitriones locales. Queda unos km antes de llegar a la cuidad en un valle muy grande, muy lindo y muy lleno de castores, en una cabaña de cuento que nos dejó la boca semi abierta un buen rato antes de reaccionar ante tanta belleza junta. De Mati obviamente esperábamos una calurosa acojida, es mi amigo desde chico, y si bien no me esperaba ningún mal trato de parte de Pitu, no me esperaba tanta hospitalidad y amistad, desde el primer saludo hasta que nos fuimos no dejó de hacernos sentir como en casa. Nos era difícil escapar de ese lugar, queríamos ir al parque nacional, a la cárcel famosa, a la cuidad y esa nueva amistad y ese lugar increíble nos agarraban los tobillos. Para colmo a la tarde Mati llegaba de trabajar y tuvimos noches de charlas con los dos hermanos y Vale la novia del Pitu que no queríamos cortar por más que el sueño nos llamara, en realidad era yo el que mas insistía para tirar más troncos a la salamandra. No sólo eso nos dio el nuevo amigo, también nos enseño mucho sobre el amor a los perros, nos desasnamos en el rubro trineo tirado por estos y conocimos a su hijo-perro El Negro, que tan querido por su padre nos conquistó desde el vamos.


Caminando en la cuerda floja.


Con el amigo Matuka, haciendo un asadito en la cabaña.


El Negro, el perro de Pitu mirando sus dominios.


Clari escribiendo en nuestra casa.


El atleta.


Con el Negro y la Negra (Si, se llama asi aunque sea blanca).


Todos


Pero pudimos salir, conocimos el parque nacional, que es lindísimo y muy austral, tanto que el clima era más bien inclemente, acampamos al lado de un río, nos sacamos la foto obligatoria con el cartel que reza los kilómetros que separan el lugar con Alaska y nos quedamos casi toda nuestra estadía ahí adentro de la Westy mirando los paisajes, es que esa garúa constante es para valientes.


Nosotros vamos a hacer más kilómetros seguramente.


Estos pájarracos, en vivo se ven enormes y tienen un aspecto un poco prehistórico.


El proceso se repite todas las mañanas y todas las noches, son cinco pasos y le llevan aproximadamente 10 minutos cada uno. Insiste que es lo único que queda de la Clara coqueta que vivía en la ciudad.




Si bien no fuimos a la cárcel, nos hicimos un tiempo para dar vueltas por la cuidad y nos pasó algo ahí que si bien no es muy raro nos gustó mucho. Nos encontramos en una YPF a una pareja que está haciendo un viaje como el nuestro: Ana y Sergio, salieron de Castelar hace más de un mes en su Renault 12 break y estaban saliendo de Ushuaia rumbo al norte, solo los retrasamos un par de horas, pero hubiéramos querido quedarnos más con ellos, hablando y compartiendo todo. No creemos que sea una casualidad muy grande, mucha gente vemos que hace este tipo de viaje, y muchos también se encuentran acá, pero lo que si nos gustó realmente es ver que son dos personas que nos encantaría seguir viendo, y estar con los mismos tiempos, con las mismas intenciones y rumbos. Nos separamos a regañadientes y con la promesa mutua de cruzar nuestras rutas en otros puntos del camino. Ojalá así sea.


La bahía de Ushuaia.
El 12, Sergio, Ana, dos chicos de Francia que llevaban ellos, nosotros y la Westy

La última sorpresa y seguramente una que nos quede en nuestro recuerdo por mucho tiempo, fue conocer a una familia fuera de serie. Y si bien podría escribir horas acerca de ellos, es jurisdicción de Clara la escritura de esa noche, igualmente comparto todas sus sensaciones.

domingo, 3 de abril de 2011

La otra Patagonia


Desolada tierra que mostrás tu cara desconocida y olvidada.
Ojos de mar azul y cuerpo contorneado de penínsulas.

Sobriedad y humildad que enamoran. Temerosa soledad que irradia tu canto animal y kilómetros de nada.

Patagonia melancólica y olvidada. Al Este de la cordillera, amiga del mar, allí te encuentro y allí me quedo.

Corazones latiendo al compás del baile que regalan los guanacos. Patagonia olvidada, como lo fueron tus primeros y verdaderos amores, aquellos pueblos azotados por la soberbia vestida de blanco.

Tierra de vida y de muerte. Historia que lucha por ser abrazada.

La otra Patagonia son los mil kilómetros de vida que atraviesan rías, grutas, cuevas y tierras. Desde Viedma hasta Ushuaia, bordeando el Atlántico, allí es donde alguna vez te dejé olvidada…


Familia Yámana. Comunidad aborigen del sur de Tierra de Fuego, desaparecida hace 200 años, ante expediciones europeas.

sábado, 26 de marzo de 2011

Superman un poroto.

La primera persona que me contó sobre ellos fue mi papá. Él, cuando éramos chicos, a mis hermanos y a mí, solía contarnos cuentos sobre personajes increíbles. “Doble Faz”, un malvado con dos caras, “Todo Gordo”, un fanático de las tortas y dueño de una casa de repostería. Innumerable cantidad de héroes y anti-héroes, productos de su imaginación. Imposible no creer en todos ellos y desear que llegara la noche para ponerle cara e historia a esas maravillosas creaciones. Siempre supe que mi padre era un “Gran Pez”, no por su buen desempeño laboral, sino por su lindísima capacidad de imaginar y estimular en sus hijos el desarrollo creativo y el sentimiento de que todo es realmente posible en el mundo de las ideas…todo, absolutamente, todo.

Ahí lo vemos llegar a el. Estamos en Río Gallegos, frenada obligada antes de llegar a Ushuaia. A la Westy hay que ajustarle la bomba hidráulica porque pierde líquido (a estos términos los aprendí hace poco, mujeres, no entiendo nada de mecánica la verdad). Cuestión, “hay que ajustarle la bomba hidráulica”. La pobre combi está cansada y sucia luego de 14 días de ripio, polvo y viento.

“Llamen a Diego Riestra, el los puede ayudar, es amigo de Tito”, nos había dicho papá, ante la posible situación de necesitar ayuda mecánica de confianza.

Es domingo en la ciudad que ha inaugurado calle con nuevo nombre, Nestor Kirchner. Con Joaquín decidimos llamar a Diego para intentar vernos al día siguiente. Sin embargo, y aquí es cuando recordé los cuentos de mi padre sobre héroes y anti héroes, Diego nos sorprende con su amabilidad. “En unos minutos estoy ahí, donde ustedes estén y vamos a mi predio”. Pasados apenas 7 minutos, aparece en escena “El”. Superman, Batman y Papa Noel, porotos al lado de…Diego Riestra. Su “predio” es un centro de logística, conocido en Río Gallegos. Para qué…el lugar está repleto de camiones y autos. La Westy se puso algo nerviosa ante la presencia de tales mounstros mecánicos. Para colmo, el predio queda atrás de la terminal de ómnibus, por lo que el acoso fue inevitable.

Super Diego nos ofrece pasar la noche en sus nuevas oficinas, todavía en construcción, pero modernas, calefaccionadas y con baños. Sus propuestas para ayudarnos iban siendo cada vez más, a tal punto que con Joaquín nos sentíamos mal por no poder devolverle tanta generosidad.”Ustedes no se van de acá sin tener la camioneta en perfecto estado. También la pueden lavar, allá tengo mangueras y cepillos. También les voy a dar un perfumante”.

Esa misma noche nos instalamos un rato en las oficinas y decidimos salirnos del presupuesto regular, pidiendo una pizza “a domicilio”. La grande de fugazzeta y palmitos, sumado al calor del lugar, nos hizo sentir como las parejas recién mudadas, comiendo en el piso de una sala deshabitada y vacía, pero sintiéndonos muy felices.

Al día siguiente, Mario, mano derecha de Diego, estaba listo para echarle un vistazo a la Westy. Le llevó más de una hora solucionar el problemita pero lo resolvió diez puntos.

Camiones esperando a que Joaquín y yo nos distrajéramos para intentar levantarse a la Westy.


Joaquín y Mario, el autor material del arreglo.

Joaquín bañando a la Westy.

Clark Kent alias Superman, Bruno Díaz alias Batman, Nicolás alias Papa Noel y demás hombres que parecen, a simple vista, ordinarios, son solo algunos ejemplos de lo que bien podría ser Diego Riestra, para nosotros, “Super Transport”. Nos invitó a almorzar, junto a su pequeño hijo, Cristobal, tan fierrero como él. Ante mi pregunta sobre como se había vivido la muerte de Nestor Kirchner en la provincia, la respuesta de Diego fue tan amplia como las vueltas que dimos, conociendo las casas en las que vivían y habían vivido Cristina, Néstor y sus hijos. Realmente nos sorprendió el perfil bajo y poco ostentoso de las mismas. “Néstor fue un capo. Se la pasaba laburando, sin parar, día y noche” comentaba Diego. “No se le pueden dejar de reconocer increíbles cosas que hizo por la provincia y por el país”. Opinión que comparto, especialmente al observar la prosperidad que tienen gran parte de las ciudades patagónicas desde los gobiernos de Cristina y Néstor.

Luego del recorrido “político” junto a Super Transport, regresamos al predio, donde Diego nos regaló biromes, lápices, agendas y demás merchandising de su empresa. Como frutilla del postre, una camioneta con cartel de “Prensa” apareció de repente y en pocos segundos nos encontrábamos con Joaquín posando para un diario local…

La primera vez que escuché hablar de ellos fue a través de mi padre…siempre supe que los héroes existían, solo hay que estar atentos porque andan vestidos de civil…


Junto a Super Transport, de día, Diego Riestra. Detrás nuestro, su nueva base de operaciones.

Monte León, con guanacos, pingüinos, choiques y más alimañas

Salimos de Puerto Deseado con destino a otro puerto que prometía un poco menos pero fuimos dispuestos a la sorpresa. Este se llama San Julián y según la única referencia que teníamos era un pueblo tranquilo y sin muchas gracias. Antes de entrar hicimos un pit stop en nuestra pseudo casa que es YPF, para nosotros los viajeros neófitos, los secretos de estas estaciones fueron muchos, el principal, que tienen cuartos de baño con duchas y todo. Como se imaginarán, bañarnos no es moneda corriente para nosotros, aprovechamos, hicimos lo propio y seguimos hacia el pueblo. Esta villa costera , como pasa siempre en este viaje, nos sorprendió, tiene una prolijidad ejemplar, todas las calles bien limpias e iluminadas, las casas pintadas, una avenida anchísima que desde la ruta hasta la costa nos hacía dejar halagos por ahí. Probamos de dormir al lado de un barco de la época de la conquista, pero por raro decidimos probar otro lugar. En el derrotero de calles que dejábamos atrás, pasamos por un hotel lujoso y le pregunté a Clari: “Fijate si te gusta el hotel Dos Bahías para dormir”, claro, sólo en el contexto puede tener sentido la frase, lo que yo le preguntaba era si le gustaba el estacionamiento de dicho hotel. Ante la respuesta negativa, nos vimos forzados a repetir fórmula nuevamente, fuimos a los bomberos voluntarios julianenses (O como sea el gerundio) y nos dejaron dormir en la vereda. Tanta era la diferencia con nuestra experiencia anterior que nos llamó la atención. La explicación la tuvimos al otro día: Santa Cruz es la única provincia que paga a sus bomberos, por eso no eran tan voluntariosos.


La carabela en que Magallanes llegó para tratar de exterminar a los Tehuelches de Buenos Aires.

Controlando presión de gomas.

El hambre también viaja con nosotros a veces, eso si, cuando llega la hora lo disfrutamos.

El parque Nacional Monte León nos esperaba unos kilómetros más al Sur, yo había visto muchas fotos y era un lugar que esperaba con mucha ansiedad, no hicimos más que atravesar la tranquera que ya estábamos felices de estar ahí, guanacos que salían por todos lados, choiques (Ñandues pero más pequeños) atrás de cada arbusto, y yo con mi ganas de ser protagonista de un documental de National Geographic, solo quería bajar a sacarles fotos.




Vimos desde lejos el monte con forma de León que le da nombre al lugar, vimos más lobos marinos, muchos más pingüinos y acampamos de nuevo en un lugar fuera de serie, con el mar y las playas eternas, atardecer como para un cuadro (Si, siempre hay de estos atardeceres por acá) y nos cocinamos papas y batatas fritas con huevo frito, no podíamos pedirle más a la vida.


Con mucho esfuerzo y un poco más de zoom, probablemente puedan imaginar la forma de León que en vivo se ve perfecta.

La Isla de los pájaros, según el guarda fauna, una colonia de Cormoranes muy grande que casi se extingue porque los primeros pobladores les robaban el guano (Excremento), para Clari era la reunión anual de aves que esperaba la llegada del gran líder.

Cocinando las papas y batatas fritas, la cara de felicidad la delata.


La playa eterna y el sol tomándose el palo.

Más atardeceres, perdonen la insistencia, es que no podemos creerlo.

Esta por lo menos tiene un charco.


Al día siguiente caminamos como si no hubiera un mañana, ansiosos por conocer más este lugar distinto a todo lo sabido por el hombre, teníamos que aprovechar la bajamar para andar lo más que pudiéramos por el fondo marino que descubría el océano por unas pocas horas solamente. Advertidos por la gente del lugar de que no nos confiáramos porque el agua podía volver sin aviso y quedarnos atrapados sin posibilidad de volver. El mar acentuaba la advertencia solo con su presencia, por eso tuvimos que andar rápido para rodear una isla caminando, cosa rara, para meternos al mar profundo pero caminando, o para hacer una amistad con un pingüino perdido que quería que el mar volviera y mientras tanto no sabía qué hacer.


Clari echando lazos con el pingüino.


Mientras el mar nos presionaba para que nos fuéramos descubrimos un anfiteatro griego que utilizan las aves para su encuentro anual.




Al final el mar volvió y pudo regresar, lloramos como cuando Willy vuelve al mar, o cuando Chatrán se va a tener familia.

De él se trataba la historia.



Como en todos lados, la gente también deja su huella, en este caso conocimos a Carlos, un viajante acérrimo que nos marcó los mejores caminos para seguir, y a Lisu y Juan Carlos, la pareja que vive en el lugar. Estos últimos, muy cariñosamente nos regalaron unas exquisitas galletitas de avena y con ellas la receta que parecía ser un secreto bien guardado. Agradecidos a todos ellos, seguimos viaje hacia destinos más australes.














jueves, 24 de marzo de 2011

Prensa

Aunque nos dé un poco de vergüenza, la fama nos acecha...
Muy locamente, mientras le arreglaban la bomba hidráulica a la Westy, apareció una camioneta de "Prensa" y nos sacó una foto. Toda la información de la nota se ve que la sacaron del blog porque no tuvimos tiempo de hablar con el periodista.
En el próximo capítulo les explicamos mejor como es que llegó a pasar todo este asuntito de la fama...

http://www.laopinionaustral.com.ar/diario.asp?Modo=Noticia&NId=30520&A=2011&M=3&D=